Acostumbrado a grandes éxitos, equipos extraordinarios y jugadores de un nivel superlativo, el pentacampeón, la selección más ganadora en la historia de los mundiales, hoy es una versión sombría de lo que fue. Nunca #Brasil sufrió tantas derrotas seguidas y de tamaña magnitud. Por eso, puede asegurarse que esta generación de jugadores integran la peor selección de su historia, la que más humillaciones les brindó a sus simpatizantes.  

Una actualidad complicada

Brasil debutó en las eliminatorias sudamericanas con una derrota histórica frente a Chile por 2-0 en Santiago, en lo que significó la primera caída en el inicio de una eliminatoria para el conjunto dirigido actualmente por Dunga.

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 Esta derrota, inmersa en un contexto deslucido y opaco de #Fútbol, se suma a la eliminación reciente frente a Paraguay por penales en la Copa América y al humillante 1-7 contra Alemania por las semifinales del mundial que se desarrolló en 2014.

 Sin Neymar, una ausencia que se torna fatídica para Brasil, el equipo se vuelve apático, desorientado, sin rumbo. Nadie en Brasil puede solucionar este momento, todo se vuelve laberíntico, demasiado difícil. Es una rareza observar un Brasil tan paupérrimo, pero los resultados están a la vista y son muy contundentes.

Las secuelas del catastrófico 1-7

Pelè, Garrincha, Tostao, aparecen como flashes prehistóricos de otra vida, como utópicas luces invisibles en medio de la tenebrosa noche ¿Dónde quedó ese maravilloso Brasil de 1970, esos 5 jugadores que usaban la camiseta número 10? ¿Dónde está el bicampeón de 1958 y 1962? ¿Los penales triunfantes de 1994? ¿Los goles de Ronaldo en 2002? ¿Ronaldinho? ¿Rivaldo?

 Para Brasil, el peor resultado de su historia había ocurrido en 1950, cuando perdió increíblemente frente a Uruguay ante una multitud de simpatizantes que miraban asombrados una derrota impensada.

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 Pero pocos imaginaban que 64 años después, cuando Brasil volvía a organizar un mundial, llegaría una derrota muchísimo peor, una vergonzosa y estrepitosa caída que será imposible de superar. En las semifinales del mundial, fue un 7-1 frente a Alemania, brindando el papelón más bochornoso de la historia.

 A partir de ahí, Brasil no pudo levantarse. Nada volvió a ser lo mismo. Sigue atado a ese estruendoso golpe de nocaut, sumiso a derrotas que continúan multiplicándose de un modo incesante.

 Hace más de un año que la actualidad brasileña de fútbol es una sombra de lo que fue. Depende de Neymar o de algún talentoso valiente edificar con fútbol una realidad inmersa en escombros.