Celta-Barça 

La batalla de Balaídos

El Barça llegaba a Vigo rodeado de un ambiente enrarecido. Las lesiones, las interminables interpelaciones con la FIFA y las dudas en la portería orbitaban alrededor del club azulgrana como fastidiosas moscas de las que no podía librarse. Enfrente, el Celta de Vigo, equipo humilde de esos que jamás entran en las quinielas para ganar campeonatos, pero que puede regocijarse de ser, a día de hoy, el conjunto en mejor forma de La #Liga. Semejante cóctel preocupaba a Luis Enrique en la previa, donde ya avisó de la peligrosidad del choque ante los gallegos.

Ambos equipos saltaron al terreno de juego con sus mejores espadas, a excepción de Rakitic, relegado al banquillo en beneficio de un Sergi Roberto crecido tras sus buenas actuaciones en este inicio de campaña.

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Esta vez el experimento no salió bien para los intereses de Luis Enrique.

Nada más comenzar, el Celta se lanzó a presionar la salida de balón del Barça con la fiereza propia de los equipos que se sienten iluminados. La asfixiante persecución de Nolito y compañía en busca del esférico acabó por someter al Barça hasta arrinconarlo en su campo. Como un púgil acobardado en su esquina del cuadrilátero, el Barça sufría el acoso sin tregua de un contrincante formidable. Y así el Celta golpeó primero. Fue en un centro desde la banda derecha de Hugo Mallo, una continua pesadilla para la zaga culé. El balón cayó a los pies de Nolito que, con la confianza del que se sabe en estado de gracia, colocó una rosca imposible al palo largo de un Ter Stegen que no pudo más que mirar como el balón rebañaba las telarañas de la escuadra.

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El 1-0 hacía justicia al despliegue físico de los gallegos ante un Barcelona, hasta el momento, inoperante.

Tras el gol, el escenario no cambió un ápice. El cuadro catalán sufría un colapso en su medular; un cortocircuito constante ante las cabalgadas de la vanguardia del Celta. Sólo cuatro minutos después del primer zarpazo, en una de las muchas pérdidas de balón de Piqué, llegó el 2-0. Nolito, inconmensurable, presionó al internacional español, le robó la cartera y le puso el balón a Iago Aspas, que tenía ante él todo el pasto iluminado de Balaidos para encarar a Ter Stegen. Se plantó ante el meta alemán y regaló a los espectadores una preciosa vaselina que destilaba clase. Con 2-0 y unas sensaciones diametralmente opuestas se llegó al descanso.

El segundo tiempo comenzó de manera diferente. El Barça se concentró en conseguir el control de un balón que apenas había tenido en el primer envite. En el minuto 52 dispuso de una ocasión de oro para recortar diferencias. Iniesta maniobró diligentemente por la banda izquierda y cedió el balón a Messi en el corazón del área, pero el disparo del argentino se estrelló en el palo.

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El astro rosarino, falto de suerte y de la clarividencia de otras noches, no se sintió cómodo en ningún momento. Aun así, trató de cargarse el equipo a la espalda y embistió la portería de Sergio en diversas ocasiones, todas ellas solventadas eficazmente por el meta, tremendamente inspirado.

Con el Barça olfateando el gol, los espacios en la retaguardia se multiplicaban. Tal circunstancia la supo aprovechar el Celta, que buscó inteligentemente el contrataque hasta que lo encontró. En la salida de un córner botado por Neymar, el despeje fue a parar a Iago Aspas, que hizo un sombrero exultante a Dani Alves y encaró, una vez más sin oposición, la portería de Ter Stegen. Otra vez definió con clase, esta vez por abajo, y colocó un duro 3-0 en el marcador.

El Barça trató de salvar su orgullo buscando desesperadamente sumar en su casillero. Lo consiguió en una de las pocas conexiones entre Messi y Neymar. El 10 envió un pase milimétrico al brasileño, que controló elegantemente el cuero para batir por fin a Sergio. Una vez roto el cerrojo del Celta, pareció que el Barça pensaba en quimeras y gestas, pero fue un mero espejismo que murió cuando Guidetti, aprovechando otro error de Piqué, materializó el 4-1 definitivo.

 

  #FC Barcelona #Lionel Messi