Motorland, catedral de la velocidad en las bonitas tierras de Aragón, ha sido el escenario de una de las mayores batallas del motociclismo de los últimos tiempos. La protagonizaron Valentino Rossi y Dani Pedrosa, ambos tras la estela de un #Jorge Lorenzo que desde la salida se enfiló como un cohete hacia la victoria. Fue un pulso magnífico, de los que evitan que uno se siente durante un rato, con las manos en la cabeza y el corazón latiendo al ritmo de los adelantamientos entre ambos fenómenos. Al final, y quizás contra pronóstico, Pedrosa conservó la segunda plaza y echó un cable a su compatriota en el campeonato del mundo. Lorenzo se queda ahora a catorce puntos de Valentino Rossi, que acabó tercero.

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Márquez, excesivamente agresivo, cayó al asfalto en la segunda vuelta y abandonó, sumando una nueva desgracia a una temporada que no ha sido la suya.

La salida no dejó lugar a dudas. Lorenzo iba a ganar. Sí o sí. Trazaba cada vuelta con furia, apurando sus últimas opciones de convertirse nuevamente en campeón del mundo. Las disquisiciones orbitaban alrededor de quién sería el segundo. Márquez parecía el mejor candidato, pero se fue al suelo en la segunda vuelta. Entonces apareció Pedrosa, seguro y cómodo ante Iannone, que no parecía tener ritmo suficiente para seguir al catalán. Pero, como no podía ser de otra manera, irrumpió en la carrera Valentino Rossi. El histórico multicampeón italiano remontó posiciones desde la sexta plaza, superando a Iannone y Espargaró, y se colocó tras la estela de Pedrosa.

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A partir de ese momento la carrera apenas se movió. “Il Dottore” esperó paciente e inteligentemente detrás de Pedrosa, a sabiendas de que alcanzar a Lorenzo era una quimera irrealizable dado el ritmo del mallorquín, totalmente inalcanzable. Las vueltas se sucedían y Lorenzo volaba sólo por el alquitrán turolense. Muy por detrás seguían los dos hombres que regalarían a los espectadores un duelo digno de sonetos y canciones. A cinco vueltas del final empezó el baile. Rossi, como el león que acecha una gacela, pensó que era el momento oportuno para atacar a Pedrosa y lo pasó. El piloto de Castellar del Vallés nunca ha sobresalido por los mano a mano. Nunca le fueron los golpes a pecho descubierto; siempre prefirió la velocidad y el control. Pero esta vez todo cambió. Respondió al líder del mundial con presteza y determinación y Rossi siguió detrás. El combate no había hecho más que empezar. El italiano arremetió con contundencia vuelta tras vuelta, pero Pedrosa cerró todas las puertas con estoicismo al piloto italiano.

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El legendario dorsal 46 se le coló en alguna ocasión, pero Dani siempre respondió con testarudez ante el asombro de la grada, entregada al espectáculo.

Así, con ambos haciendo un pulso de escándalo y los presentes aguantando el aire, se encaró la última vuelta. El momento cumbre llegó antes de la chicane, cuando Rossi aprovechó un mínimo resquicio para pasar a su rival ante el grito de los tiffosi que siempre le acompañan vaya donde vaya. Parecía que al fin lo había conseguido, pero Pedrosa le devolvió la jugada por la trazada exterior de la pista con maestría. Ambos pilotos casi se tocaron; azul y naranja se entremezclaban en una danza peligrosa y maravillosa. Rossi, en una de esas lanzadas frenéticas, salió unos metros fuera de los trazados y juzgó que ya había arriesgado bastante. Pedrosa estaba intratable y el Mundial estaba en juego. Era un mal menor ceder 9 puntos ante Lorenzo a falta de cuatro carreras. 

Tras la carrera, un Rossi sonriente reconoció con deportividad que lo intentó todo pero nada pudo hacer ante la numantina defensa de Pedrosa. La clasificación del campeonato refleja ahora una diferencia de 14 puntos entre Rossi y Lorenzo. En un pañuelo, como se diría. Los últimos 100 puntos en juego serán de infarto y auguran una pugna estratosférica entre las dos Yamaha. Lorenzo y Rossi, Jorge y Valentino. Sólo puede quedar uno. Hagan sus apuestas. #Moto GP #MotoGP