Alrededor del III a.C., Pirro, un sublime general helénico del Epiro, se trasladó a la Península Itálica para disputar el creciente poderío de la República de Roma. Allí, su genialidad le hizo vencer en distintas batallas, pero sus bajas fueron tan importantes que acabó perdiendo la guerra. El Barça, como Pirro, ha ganado otra batalla. Ha vencido a Las Palmas en un partido complicado. Pero a cambio ha tenido que pagar un alto precio: la lesión de #Lionel Messi. Los azulgranas mantendrán el corazón en un puño hasta saber el alcance de las dolencias del monarca del fútbol mundial, aunque todo apunta a que estará dos meses en el dique seco. La victoria ha sido pírrica.

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La alineación del Barça no presentó grandes sorpresas. Iniesta dejó su lugar a Mascherano en el mediocampo para que Bartra fuera la pareja de baile de Piqué en el eje de la defensa. Sergi Roberto volvió al lateral derecho, donde sigue rayando a un gran nivel y Adriano siguió ocupando la plaza del lesionado Jordi Alba en la izquierda de la zaga. En ataque, los tres mosqueteros, aunque la tripleta de ensueño del Barça no duraría mucho.

El fatídico momento llegó en los albores del partido, a los tres minutos. Messi recibió un balón en el área de Las Palmas, lo controló fabulosamente y encaró la portería rival, donde chocó de manera fortuita con el central Bigas. Se retorció dolorido en el suelo y en el Camp Nou se hizo un silencio que sólo acontece cuando su ídolo cae a los suelos.

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A los pocos minutos, con gesto serio y preocupado, el hacedor de milagros del Camp Nou pidió el cambio. Las alarmas comenzaron a bramar en los vientos de Barcelona. En el lugar del crack entró Munir.

Sin su gran referente, el Barça pareció apático, confuso, perdido. Mantenía el balón en su poder, pero generaba poco fútbol y naufraga de un lado al otro del campo, sin esa imaginación desbordante que suele tener. Sólo Sergi Roberto parecía superar la depresión que generó la ausencia del “10”. Y fue de las botas del canterano, soberbio otra vez en el lateral, donde nació el centro que ocasionaría el primer gol del partido, en el minuto 25. El esférico voló hasta Suárez, que superó a su marcador en el salto y remató fuera del alcance de Varas; 1-0. El uruguayo, hasta entonces desafortunado, desequilibraba un partido que comenzaba a enervar a los barcelonistas y dio cierta tranquilidad al equipo. El encuentro siguió su curso, cansino y espeso, languideciendo hasta el descanso.

El segundo tiempo pareció constatar que el Barça había afilado cuchillos en el vestuario.

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Salió agresivo, con los colmillos a punto como si quisiera hacer pagar a Las Palmas la lesión de Leo. A los 8 minutos, una gran combinación entre Rakitic y Munir propició la asistencia de éste hacia Suárez, previa dejada de Sergi Busquets, y el charrúa fusiló para poner el 2-0 en el marcador. Lejos de parar, el vendaval continuó. Pocos minutos después, Suárez provocó un penalti por manos de Alcaraz en el área. El lanzamiento de la pena máxima, corrió a cargo de Neymar, que lo lanzó a las nubes y certificaba la mala racha del brasileño en los últimos encuentros.

Las ocasiones del Barça se sucedían sin éxito mientras Las Palmas buscaba alguna contra que lo volviera a meter en el partido. En el 42, una pérdida de Mascherano en el centro del campo brindó la ocasión. Robó el balón Culio, que ante la retaguardia barcelonista cedió el balón a Viera. Éste disparó con la oposición de Piqué, que desvió la pelota lo justo para que Ter Stegen no pudiera hacer nada y encajara un gol más en una cuenta que asusta. El 2-1 retornó la angustia al feudo culé, al que sobrevolaban otra vez los males.

El nerviosismo de la grada se alargó hasta el pitido del colegiado y todos, sin excepción, se fueron molestos a casa. Unos perdieron el partido. Otros, a Messi. El tiempo dirá qué fue lo peor. El Barça ganó una batalla que, como a Pirro, puede costarle una guerra.

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  #Liga #FC Barcelona