El Barça empezó con suspense, parecía que se repetiría lo mismo de la final de la Supercopa de Europa 2006 que tuvo los mismos rivales y que fue el principio del declive imparable del Barça de Frank Rijkaard que había ganado la segunda Copa de Europa en Paris: Banega dejó clavado a Ter Stegen en una magistral falta nada más empezar. Pero aún quedaba mucho por ver…

Messi, en faltas similares a la de Banega, batió dos veces a Beto en diez minutos con dos goles de un genio. El Barça, con la paciencia que demuestra siempre cuando empieza perdiendo, iba borrando a un desconcertado Sevilla. Y cuando Alves salvó un gol cantado sevillista que era el empate, Rafinha, que antes tuvo una clarísima ocasión, no falló y marcó antes del descanso el 3-1, con el lunar del gol anulado a Suárez que fue demasiado riguroso.

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En la segunda parte, el Sevilla, hasta entonces poco efectivo, salió dispuesto a remontar el partido. Suárez les contestó con el 4-1 y parecía todo decidido. Pero estamos en pretemporada, y la cosa pegaría un giro inesperado, como en las películas de suspense o intriga.

En uno de esos contraataques llevados con más voluntad que acierto, Reyes tiene la suerte de batir en un contraataque a un desacertadísimo Ter Stegen y una igualmente fallona defensa blaugrana, que temblaba con cada ataque sevillista. Era el 4-2, y parecía que el Barça reaccionaría de nuevo, como antes.

Pero Iniesta sufre un golpe, y Luis Enrique le cambió. Aunque el equipo no notaba las importantes ausencias de Neymar y Jordi Alba, sin Don Andrés, el equipo se quedó sin un importante cerebro, y Messi, hasta entonces extraordinario, empezaba a estar cansado, como todo el equipo.

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El Sevilla se anima con el gol, y aún más con el penalti que transforma Gameiro, para poner, ante el asombro de todos, el 4-3, y con la salida de Konoplyanko, en otro contraataque por una banda y centro al área, el ucraniano empata a cuatro goles y provoca algo insólito media hora antes: la posible derrota del Barça.

Pero el Barça tiene experiencia para aguantar momentos difíciles, y aguantó el resultado, intentando ganar con dos faltas de Messi. Pero la prórroga llegó sin poder evitarla.

En la prórroga, el Sevilla ya no era tan letal, por el cansancio, y el Barça se encontró más cómodo. Y Pedro, que parecía que no jugaría, salió por Rafinha y al estar más fresco, ayudó a un Messi que ya no tenía las ideas más claras, y a un Suárez que volvía loco a la defensa andaluza, pero que necesitaba ayuda.

Como en 2009, el canario, que no se sabe si seguirá en el Barça, marcó el gol de la victoria en un gol de oportunista, al coger un rechace en corto de Beto a una falta tirada por Messi. El portero salvó muchos goles del Barça, que debe mejorar, y más ante un durísimo Athletic de Bilbao que le espera.

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El gol de Pedro desató la alegría, la liberación de la tensión inesperada por perdonar la vida a un Sevilla que antes parecía condenado, y que con poco casi gana el partido. Las cosas del fútbol, que dirían los expertos. Pero al ver la actitud no tan entusiasta del jugador en la celebración final, muchos barcelonistas ven el final de un ciclo, como cuando se fue Xavi, aunque nunca se sabe. Algunos barcelonistas dicen que en vez de él, deberían irse jugadores que fallaron en los goles sevillistas.

El Sevilla es muy inferior técnicamente al Barça, pero el fútbol es así, si tienes suerte de marcar varios goles seguidos, el rival se hunde. Incluso estuvo a punto de llegar a los penaltis, pero la pelota ya no entró.

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