En el mundo del deporte se suele dar una curiosa circunstancia. En prácticamente todos los deportes suele haber dos circuitos. El primero es el de las competiciones privadas, en el que los deportistas o los clubes compiten a nivel individual y el segundo es el de las competiciones nacionales, donde los países se enfrentan entre sí. Desde el principio de los tiempos ambos circuitos han convivido con sus tiras y aflojas, pero a medida que el profesionalismo y los intereses económicos han ido cubriendo a las competiciones privadas, las competiciones entre naciones se han ido adaptando al calendario profesional para poder seguir sobreviviendo.

Esto no quiere decir que este tipo de competiciones haya pasado a un segundo plano, ya que, por ejemplo, los dos grandes eventos deportivos del mundo, los Juegos Olímpicos y el Mundial de #Fútbol pertenecen a la segunda categoría.

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Y sí, son tan profesionales o más que las ligas y competiciones privadas.

Intereses cruzados

El problema viene cuando la diferencia de dinero entre ellas es insalvable, y los intereses privados empiezan a verse amenazados por competiciones que ellos no controlan y que encima no pagan por ceder a sus jugadores. Y en los últimos años, con la llegada del marketing deportivo, esto se ha acrecentado a niveles tales que han estado a punto de hacer desaparecer competiciones centenarias.

El caso del tenis es el ejemplo perfecto de lo que hablamos. La Copa Davis se lleva jugando desde 1900 pero actualmente está defenestrada porque la única motivación que tienen los tenistas es vestir la camiseta nacional en un deporte evidentemente individual. Habrá quien diga que el motivo es suficiente como para no pensárselo dos veces pero la vida profesional de un tenista está enfocada al circuito profesional, valga la redundancia, y la participación en esta competición le puede hacer perder mucho dinero por diversas razones.

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Otro deporte que siempre ha estado envuelto en polémica ha sido el #Baloncesto. Eso sí, desde el principio, la NBA, la liga profesional americana, lo tuvo muy claro. A las competiciones nacionales se enviaba a universitarios, ya que los profesionales no tenían rival y por tanto, no tenían absolutamente nada que ganar. Pero además, cuando los demás países subieron el nivel y tuvieron que mandar jugadores profesionales a mundiales y Juegos olímpicos tampoco se lo han tomado muy en serio. No hay país más patriota que Estados Unidos y únicamente cuando los intereses económicos han coincidido, sobre todo en los Juegos, han enviado el mejor equipo posible. De hecho muchos jugadores extranjeros de la NBA han tenido muy difícil compatibilizar ambas competiciones y el último ejemplo que tenemos es el de Marc Gasol, que esta semana ha dicho que no va a un Europeo en el que España se juega estar en Rio 2016. Eso sí, después de firmar un contrato de más de 100 millones de dólares con su equipo.

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En cuanto al futbol hay que decir que la FIFA se lo ha montado mejor. Organizar el campeonato más prestigioso del mundo ha hecho que los clubes todavía no se atrevan a decir a sus jugadores que no vayan, aunque, como es natural, sí han demandado unas indemnizaciones millonarias en caso de lesión. Pero obviamente tampoco está a salvo y en los próximos años, debido sobre todo a la corrupción inherente a la FIFA y a la decisión de jugar el Mundial de Qatar en el invierno del hemisferio norte, cuando las grandes ligas están en pleno desarrollo, se puede romper la hasta ahora estable relación entre las competiciones privadas y las competiciones entre naciones. Será ahí cuando se verá qué pesa más, si el orgullo de vestir la camiseta de tu país, o ser fiel al club que te paga sueldos millonarios. #Tenis