Otra vez, Novak Djokovic (1 º) frustró el sueño de Roger Federer (2 º) de alcanzar su octavo Wimbledon. El serbio se mostró mucho más regular que el suizo, y se llevó la victoria por 7-6 (1), 6-7 (10), 6-4 y 6-3. Esta significó la tercera consagración del número 1 del mundo en el All England Club, y la novena en total en torneos de Grand Slam. El helvético, por su parte, volvió a caer en la definición, luego de hacer un campeonato fantástico a sus 33 años de edad.

Al igual que en la final del 2014, Djokovic prevaleció ante el juego de ataque de Federer, quien se mostró mucho más errático que en su partido ante Andy Murray.

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Nole volvió a dejar muestras de su poderío mental y físico, transformándose en un rival muy difícil de quebrar en partidos de este tipo.

Los primeros dos sets mostraron la mejor versión de ambos jugadores, sobre todo del lado de Federer. El suizo quebró el servicio de su rival y tomó ventaja de 4 a 2, pero un par de errores infantiles hicieron que pierda al instante su saque, el cual esta vez se mostró endeble (67 % de primeros, muy por debajo de lo que venía haciendo en rondas previas). Luego de esas dos rupturas, se llegó al tie-break, en donde el oriundo de Belgrado se hizo fuerte, llevándoselo por un categórico 7 a 1.

El segundo parcial no tendría quiebres, por lo que una nueva definición en la muerte súbita era de esperar. Y en esta oportunidad fue Nole quien desperdició una ventaja considerable, ya que llegó a estar 6 a 3.

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Ahí apareció en esplendor el nacido en Basilea, haciendo pesar su tremenda calidad y experiencia, lo que le permitió llevarse esa espectacular manga por 12 a 10, tras 1 hora y 5 minutos.

En el tercer parcial, un grueso error del lado del siete veces campeón en estas tierras marcaría la pauta. El mismo se produjo con RF sacando 1-1 y 30-40: una derecha fácil cerca de la red se le fue larga, lo que provocó el quiebre de su oponente. Tras ese fallo, el serbio solamente tuvo que administrar esa ventaja con su servicio, algo que haría a la perfección para redondear el 6 a 4.

Ya en el cuarto, se pudo observar a un Federer mucho más inactivo desde sus piernas, pagando el costo de lo que habían sido dos semanas muy exigentes. Djokovic, tomando nota de este detalle, apretó el acelerador desde su fabulosa devolución, terminando el encuentro con un segundo quiebre para concretar su tercera coronación en el césped de la Catedral.

Esta fue una nueva muestra por parte del número 1 del mundo. El serbio volvió a dejar una imagen infranqueable en un torneo grande (alcanzó su noveno título de esta categoría), demostrando que la derrota en Roland Garros ya quedó en el pasado.

Del lado de Federer queda la sensación amarga de una nueva caída en la definición. Al margen de la derrota, el suizo ha dado claras muestras de que su #Tenis sigue intacto, y el sueño de obtener un nuevo Grand Slam aun está latente.