A pesar de estar jugándose el equipo la clasificación para la #Europa League de la temporada que viene, ayer poco importaba eso. Había un motivo de mayor peso. Despedir como se merecía al que muchos consideran el mejor jugador que ha vestido la elástica del Liverpool. Steven Gerrard. Él quería despedirse con una victoria y dejar matemáticamente clasificado al equipo para competición europea pero el Palace aguó la fiesta y de qué manera.

En los prolegómenos del partido ya se notaba que era un partido especial, muy especial. Decir adiós a una persona tras 17 años defendiendo a tu equipo no iba a ser fácil y Gerrard también sabía que para él no lo iba a ser.

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Antes de empezar el partido, ambos equipos hicieron pasillo al capitán Red, un gesto de educación y de respeto que en muchas ocasiones falta en España.

Gerrard saltó al césped acompañado de sus tres hijas y según encaró la bocana de vestuarios y pisó el verde vio lo que tenía preparado Anfield. The Kop estuvo como siempre, a la altura de las grandes citas, y se "vistió" con las siglas S8G, en referencia al capitán, y en la grada principal se podía leer Captain (capitán en español). El inglés aguantó el primer envite, las lágrimas de emoción. Él mismo reconoció el pasado jueves en su rueda de prensa de despedida que su mayor reto durante el partido sería no derramar una lágrima. Parece que lo consiguió.

Comenzado el partido, todo ello envuelto en un ambiente de fiesta, las cosas se pusieron de cara cuando Lallana adelantó al Liverpool tras un error de la zaga rival.

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Todo estaba saliendo a la perfección. El equipo ganaba y Gerrard se podía despedir de su afición con una victoria pero todo cambió minutos antes de finalizar la primera parte. El Palace empató el encuentro tras un libre directo ejecutado por Puncheon.

En la segunda parte, el Liverpool se dejó llevar y el Palace tomó el mando del partido. Zaha, que entró en la segunda mitad, sería quién pondría la puntilla al Liverpool anotando el segundo gol y provocando un penalti inexistente. Murray erró el lanzamiento desde los once metros pero el rechace le favoreció y consiguió anotar poniendo el definitivo 1-3 en el electrónico.

Acabado el partido, Gerrard con unos tímidos aplausos hacia el público, encaró los vestuarios de manera apresurada no queriendo pensar mucho en que era su último partido. Anfield tenía otra idea diferente. Ni un sólo aficionado se movió de su asiento, tenían algo más preparado para su capitán que no se podía ir sin más. El resto de la plantilla también tenía preparado su especial homenaje. Todo el equipo volvió al césped de Anfield con la elástica del Liverpool y con el nombre de Gerrard a la espalda.


Llegó su momento.

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Gerrard acompañado de nuevo por sus tres hijas saltó al terreno de juego para ahora sí, despedirse para siempre de lo que fue su casa durante 17 años. En esta ocasión se le veía emocionado pero aguantando las lágrimas. Micrófono en mano señaló: "Durante mucho tiempo he temido este momento porque sé que lo voy a echar de menos. He disfrutado cada minuto disputado en este estadio y estoy tremendamente triste de saber que no voy a volver a jugar delante de estos aficionados". Tras estas palabras Gerrard dio su última vuelta a Anfield. Una despedida a la altura de esta leyenda inglesa.



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