¿Cuantos niños entrenan duro todos los días pensando en realizar su sueño de convertirse en futbolista profesional? muchos, tantos como padres. La realidad es que para llegar a ganarse la vida bien y jugar en las divisiones de élite, no solo hay que tener calidad sino que tiene que acompañar la suerte y no tener una lesión grave que en más de una ocasión hizo trizas carreras que parecían meteóricas.

Aunque todas estas son algunas de las claves, han existido casos que son ciertamente, excepciones que confirman la regla. El caso de Carlos Henrique Raposo ha sido hasta el momento el más espectacular. Hasta su apodo era impostado: "Kayser" en honor a Beckembauer y que disfrutó de él merced a su parecido físico.

Anuncios
Anuncios

Nuestro protagonista nació en Río de Janeiro en 1963 y consiguió lo más difícil,vivir del fútbol profesional sin tener calidad para ello.

Carlos tenía mucha habilidad para las relaciones públicas, personalidad siempre alegre y una actitud que le granjearon desde siempre un talento especial para hacer amistades. Una de ellas, el famoso jugador del Botafogo por aquella época "Mauricio", amigo desde bien joven le ayudó a firmar por el club con 23 años. En una época en la cual la tecnología no permitía calibrar a un jugador, se confiaba mucho en el buen "ojo" de los técnicos y si llegabas con una recomendación pues todo era más sencillo.

Hasta ahí podía uno llegar y seguro que más de uno lo intentó así, lo digno de mención es que él se las arregló para que nadie se diera cuenta de que no tenía calidad ninguna para jugar en el #Fútbol profesional.

Anuncios

El plan desde luego que lo llevó acabo y dio resultado. Se ponía de acuerdo con un compañero para que le diese una patada o un golpe y luego iba a un dentista de su confianza para acreditar la lesión. Tiempos en los que no había resonancias magnéticas y no quedaba más remedio que fiarse del jugador.

Mantener buena relación con el vestuario, donde siempre era el alma de la fiesta (contratando incluso mujeres para hacer fiestas privadas en los hoteles de concentración) o tener los mejores contactos con la prensa local le hacían tener a todo el mundo contento y que su falta de rendimiento deportivo estuviese a salvo.

Muchos ahora pensareis ¿y donde consiguió jugar con sus tretas? pues en plenos años 80 jugó en Botafogo, Flamengo o Bangú en su Brasil natal, además hizo las maletas a la liga mexicana jugando en el Puebla y a la liga norteamericana en el equipo de "El Paso". Su habilidad para mantener su "secreto" le llevó incluso a europa donde jugó en la liga francesa en las filas del Ajaccio.

Anuncios

Su táctica para no jugar le llevó incluso a pelearse con un aficionado rival, la excusa que puso es que el aficionado insultó de manera grave a su entrenador, resultado: renovó su contrato. Kaizer cuenta ahora su historia con el mismo sentido del humor que tuvo mientras fue jugador. Un maestro en lo suyo, no jugar. 20 años de carrera y mentiras, pero él no se arrepiente: "No me arrepiento de nada. Los clubes han engañado y engañan mucho a los futbolistas. Alguno tenía que vengarse por todos ellos", sentencia.