El Villarreal arrancó un valiosísimo empate a un gol en su visita al Santiago Bernabéu en un partido que pudo ganar cualquiera de los dos equipos y en el que los visitantes dispusieron de sobradas ocasiones para vencer. El Real Madrid, que mostró la habitual indolencia de los últimos tiempos, despertó en los minutos finales cuando se abalanzó sobre la portería de Asenjo y dispuso de varias oportunidades para enmendar el mal partido que había jugado durante los primeros 60 minutos.

El equipo de Carlo Ancelotti salió al campo con la sensación de que terminarían ganando pese a quien pese, que el Villarreal, como tantos otros, caería en su trampa con el simple paso de los minutos.

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Pero el equipo forjado por Marcelino no se achanta con facilidad y a más de uno de los teóricos favoritos ya ha asustado. Además, la alineación del Villarreal estaba plagada de suplentes pensando en su participación en la Europa League y la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey.

Pero todo ello era una cortina de humo para evitar enseñarles a los blancos su solvencia colectiva. Una defensa muy ordenada y un ataque engranado a base de trabajo bastaron para sacarle los colores a un Madrid que sigue inmerso en esa etapa de creerse superior a todos e invencible por su propio nombre y, si bien en innumerables ocasiones esta fórmula les sale bien, cuando enfrente tienen un equipo muy trabajado en la organización y sin miedo a salir al ataque le complica las cosas, y mucho, a los de la capital.

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Eso ocurrió en el primer tiempo, donde el Madrid apenas creó peligro y la mejor ocasión vino del lado visitante con un remate de Moi Gómez que Carvajal sacó bajo los palos cuando ya se cantaba el 0-1. La teoría de la fruta madura que cae por su propio peso se instaló tanto en los jugadores como en el público del Bernabéu, y pareció darle la razón a ambos cuando un penalti sobre Cristiano Ronaldo lo transformó él mismo en el 1-0 que convenció a todos que aquello ya estaba solventado. Pero Marcelino no es de los que se amedrenta y sacó a Trigueros y Vietto, un jugador que llegará a mucho si mantiene su progresión y profesionalidad intactas. Precisamente, de sus botas nació la jugada del empate en la que Gerard Moreno, con un disparo desde la frontal, batió a un Casillas que nada pudo hacer para evitarlo.

A partir de ahí despertaron los hombres de Carlo Ancelotti y el Bernabéu se encendieron como una pira. Como en tantas otras ocasiones, los aficionados y los jugadores entendieron que de la siestecita que se habían echado durante una hora se podía despertar con pasión y coraje y enmendar el error.

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Pero el trabajo defensivo del Villarreal, a diferencia de otros, se mantuvo impoluto durante todo el partido y los enconados esfuerzos de los locales fueron estériles ante ellos. La tuvo Cristiano Ronaldo de cabeza, lo intentó un Isco más apagado que en otros días y pudo marcar el segundo Jesé a puerta vacía, pero falló. Todos fallaron desde el principio por menospreciar a un Villarreal aguerrido que rascó un valioso empate del Santiago Bernabéu cuyas peores consecuencias para los blancos es devolver la #Liga al Barcelona, pues a partir de ahora vuelve a depender de sí mismo para alzarse con el título. #Real Madrid