La temporada posterior a un descenso a segunda suele ser complicada, los mejores de la plantilla suelen irse a primera o marchar al extranjero, algo normal en un carrera tan fugaz como es la futbolística. Los fichajes desastrosos o de sueldo no acorde al rendimiento con un poco de suerte parten del club o te los comes con patatas (casos de Bueno o Manucho en el pasado). ¿Quienes se quedan? Pues los clase media o veteranos que bien por acomodo familiar, bien por no tener donde mejor que ir se apuntan al "ilusionante" reto.

Estos mimbres, más una economía de guerra como la blanquivioleta, era el punto de partida este verano de un Braulio que venía de un club del máximo nivel como es el Valencia.

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Arriesgada aventura en una entidad que desde la llegada de Carlos Suarez ha ido dando bandazos, pasando en las últimas temporadas de ser un clásico de primera a un equipo ascensor. Su antecesor en el cargo fue Alberto Marcos, ex futbolista, ex capitán y el jugador con más minutos en la historia blanquivioleta.

Hombre querido por la afición y que desde su nombramiento evidenció que su trabajo en el despacho iba a ser complicado. Nula experiencia en el campo negociador y con la compañía de otro ex jugador como Juan Carlos, del que a nivel de despacho se guarda infausto recuerdo de la época de Olabe. El de Carmarma de Esteruelas siendo sinceros tenía poco dinero con el que fichar, excusa fácil pero realista cuando se está en el Pucela, pero todo ello lo terminó de coronar con la falta de competencia a la hora de negociar, negociaciones largas que no terminaban bien, jugadores que venían fuera de forma o con historiales que daban miedo.

Poco bueno podríamos decir de su paso por la dirección deportiva, incluso Ebert no fue acierto suyo sino del ex jugador Iñaki Bea.

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Cuando se tienen pocos conocimientos y te rodeas de los "caimanes" que son las agencias de jugadores, corres el riesgo de caer en aguas pantanosas. En este caso se confió en una agencia de jugadores que traía a desconocidos de la "potente" liga sueca. Al final falta de dinero, más una evidente carencia de preparación forman una ecuación nefasta. Quizás ningún medio se lo dirá en público a Carlos Suarez, pero jugó con fuego y se quemó.

Este año optaron por fichar a un director deportivo de verdad, también ex jugador pero con una acreditada experiencia y caché como para esperar que sus conocimientos hicieran fichar a jugadores de ligas competitivas, con experiencia y sin sobrepeso. Ahora se ficha con sentido y en unos plazos que no hacen vivir de urgencias que dependen de llegadas de fax o fallos en sistemas informáticos. En el fútbol 1+1 no son 2 pero si es 1,95, ¿habrá aprendido Carlos Suarez la lección? #Fútbol