A mí me gusta el fútbol. No fumo, bebo muy moderadamente y sólo voy con una mujer, con la que estoy casado hace muchos años, mi único vicio es el fútbol. Es una pasión universal que, hace ya muchos años y cada vez más, se está convirtiendo en una especie de religión para millones y millones de personas en todo el planeta.

Uno puede llegar a entender, en un deporte de equipo, que la gente se identifique y se apasione por los colores del club con el que, de una u otra forma, se siente representado. Uno podía también entender que algunos jugadores, por ser buenos, por ser de la cantera, o porque hubiesen elegido jugar en el club de nuestros amores, levantasen las pasiones de la afición, tanto o más que el equipo en el que jugaban.

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Sin embargo, en el super-profesionalizado fútbol moderno, en el que los jugadores son máquinas de hacer dinero, en primer lugar para ellos mismos, las pasiones irracionales que levantan algunos super-cracks, mega-divos y endiosados, son un muy mal síntoma de la pésima escala de valores que parece haber en la sociedad actual. Cuando una afición no está contenta con el rendimiento de su equipo, el insulto más habitual de los aficionados hacia sus jugadores es el de mercenario, cuando eso no es sino la descripción más exacta del deporte profesional. Cualquier jugador puede estar hoy en un equipo y mañana en otro totalmente contrario.

Por eso, por ser todos conscientes del mercadeo que envuelve el mundo del fútbol, por lo mercenarios que son todos sus profesionales, es incomprensible la tontería que envuelve a muchos.

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El ejemplo más claro es el -según todos sus adoradores, que son legión- mejor jugador de todos los tiempos, Leonel Messi. No podía ser de otro modo, para eso es el número 1, también en tontería.

Su principal competidor, Cristiano Ronaldo, también tiene lo suyo, no vayamos a pensar que es mejor, que seguro que los lectores que hayan leído el nombre de Messi, automáticamente se habrán puesto orgullosos de pensar que Cristiano es mejor, y no. Pero el protagonista de estas fechas es Messi y de Messi va este artículo. Porque es más que probable que Luis Enrique, su actual entrenador, deje de serlo en próximas fechas, como el año pasado el Tata Martino o antes el mismísimo Pep Guardiola, que eso de intentar meter en vereda al "messías" es delito capital.

Messi es del Barça porque el Barça fue a buscarlo y pagó el tratamiento que necesitaba. Si hubiese ido cualquier otro club, Messi sería de cualquier otro club. Ciertamente Messi ha ganado mucho para el Barcelona, pero nada ha ganado sin el Barcelona y bien que le paga el Barça cada gol que mete, por mucho que luego deba pagar a la Agencia Tributaria.

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A pesar de ello, a pasar de todo lo que el Barça ha hecho y hace por Messi, también deportivamente, porque ya está fuera de toda duda que Messi es lo que es gracias al equipo en el que juega y a los jugadores que tiene alrededor y que juegan para él, Leonel lleva ya varias temporadas amenazando al club, exigiendo permanentes renovaciones de su contrato, por supuesto al alza, y jugando, si quiere, cuando le da la gana. La pasada temporada es el ejemplo más elocuente de un jugador alienado de su equipo.

Ronaldinho y Eto'o fueron los primeros que tuvieron que abandonar el Barça para no hacerle sombra, luego siguieron Ibrahimovic, Bojan ... ahora está sentenciado Luis Enrique. Todo para que el mimado malcriado esté a gusto. Pero el diosito se irá, antes o después, en cuanto llegue alguien que le de más "cariño". #FC Barcelona #Lionel Messi