Un gol a los 37 segundos y otros cuatro en apenas 40 minutos. Pues bien, pese a ese interesante balance, de todo menos de fútbol ha dado que hablar el encuentro del miércoles del Calderón. ¿Y eso por qué? La respuesta a esa cuestión seguramente adoptará un enfoque distinto según dónde pregunten. Si lo hacen a orillas del Manzanares, escucharán algo así como que Neymar es un provocador incesante y que el árbitro les privó de opciones de llevarse la eliminatoria (dicho muy sutilmente esto último, desde luego). Por otro lado, si preguntan en la ciudad condal posiblemente arremeterían contra el estilo de juego del Atlético de Madrid, una constante, por cierto, ya no sólo por parte del Barcelona.

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Siendo sinceros, señores, sucedió un poquito de cada cosa. El juego intenso, en ocasiones rozando los límites reglamentarios, del Atlético de Madrid me imagino que a nadie le habrá pillado por sorpresa. Es el ADN de este equipo, una esencia que le ha llevado a infiltrarse en el binomio Real Madrid -Barcelona y a convertirse en una amenaza futbolística tanto para ambos como para el resto de potencias europeas. Eso sí, algo muy extraño se respiraba en el Calderón esa noche para que repartiera hasta el juez de línea, literalmente. Por si fuera poco, hasta el que no jugó estuvo metido en alguna. Que se lo pregunten a Ansaldi si no.

Hablando ya en serio, cosas como las de ayer no se pueden pasar por alto. No se le pueden consentir a Raúl García algunas actitudes sobre el césped.

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Empujar, aunque sea levemente, a un juez de línea está absolutamente fuera de lugar. Igual que esa recopilación de protestas vehementes al árbitro con aplausos irónicos incluidos. Ya pudo dar gracias el navarro de haber terminado el partido... La tremenda exaltación también se apoderó de Arda Turán, reconocido no por perder asiduamente los papeles sino por su magnífica habilidad con el balón. Teniendo en cuenta que Dani Benítez fue sancionado con tres meses de suspensión por su lanzamiento de botella al colegiado, ¿qué pasará con el turco? ¿Se le aminorará el castigo por no tener la misma precisión milimétrica que el jugador del Granada en su día?

Es cierto que Gil Manzano no tuvo su noche. No la tuvo al no decretar la mano clara de Jordi Alba en el disparo de Griezmann, al igual que tampoco la tuvo con el penalti inexistente que señaló de Mascherano a Juanfran. O con el gol anulado a Neymar por fuera de juego, que como poco es discutible. Hay que saber ver la paja fuera del ojo ajeno también.

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El árbitro fue determinante en el desarrollo del juego y del marcador incluso, pero no de la eliminatoria por mucho que las almas rojiblancas se empeñen en lo contrario.

Tampoco se habló de fútbol por la actitud de Neymar. Y mirad que es complicado porque el muchacho es bueno no, ¡muy bueno! Tirar cañitos al rival cuando tienes opciones más claras y con el marcador a favor no es plato de buen gusto para ninguno que vista o sienta la otra camiseta. Por mucha estopa que te repartan o aunque te recuerden un 1-7 en tu casa. De todos modos, Juanfran olvidó que Neymar no estuvo en esa cita. A Messi le dieron hasta en el carnet de identidad y al argentino no se le vio contrariado ni provocador en ningún momento. Dicho esto, Neymar es un futbolista excelso pero que también tiene pinceladas que corregir.

Transcurrido este capítulo, recemos para que escenas como las del Calderón no vuelvan a repetirse. Porque de quien se debe hablar es de esa pelotita con la que algunos privilegiados consiguen hacer maravillas y dejarnos sin aliento. Y por suerte, eso sí queda en el recuerdo.