Francisco José Romero Taboada, padre de familia que deja dos huérfanos y una viuda, murió ayer tras ser apaleado por ultras del Frente Atlético en las inmediaciones del Vicente Calderón y arrojado al Manzanares. Taboada es la víctima de ayer, aunque, mejor dicho las víctimas son su familia, porque él no era inocente, él pertenecía a los más radicales (los Suaves) de los radicales Riazor Blues, ultras del Deportivo de la Coruña que deberían estar disueltos si no por otros múltiples actos violentos, por lo menos desde que en 2003 asesinaron a un seguidor sensato y valiente del Depor, Manuel Ríos Suárez, que tuvo el coraje de defender a un niño aficionado del equipo rival.

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El Frente Atlético, los asesinos de ayer, también deberían estar disueltos, si no por otros muchos actos violentos, por lo menos desde que en 1998 apuñalaron a Aitor Zabaleta, aficionado de la Real Sociedad. No sólo no están disueltos todavía, no sólo los asesinos de Zabaleta siguen cantando todos los días de partido en el Vicente Calderón, sino que ayer mismo, tras los luctuosos hechos, Gil Marín, máximo accionista, propietario, del Atlético de Madrid, tuvo la desfachatez de decir que él no es quien para disolver el Frente Atlético. Pues entonces alguien debería ser capaz de expropiar a este Don Nadie el Atlético de Madrid, es un peligro social.

Porque se puede acabar con los grupos violentos del #Fútbol. Lo demostró Joan Laporta, el presidente de la etapa más gloriosa en títulos y juego del Barça, que tuvo el coraje de acabar con los Boixos Nois, los ultras barcelonistas.

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Laporta necesitó mucho valor, y lo tuvo, valor personal, debió soportar amenazas directas en su persona y en su casa y tuvo que llevar escolta. Pero lo consiguió, con un par, hace tiempo que los Boixos ni se asoman por el Nou Camp. También lo ha conseguido el Real Madrid, con menos coraje, necesitando más tiempo, al final Florentino Pérez también ha conseguido desmantelar las actividades mafiosas de los fascistas Ultra Sur en el Santiago Bernabeu.

La solución es muy simple, sólo requiere dos cosas, valor y contundencia, tal ves eso es lo difícil en un mundo como el fútbol tan lleno de cobardes en sus poltronas, cobardes que no tuvieron ayer la sensibilidad ni siquiera para suspender un partido que nunca debía de haberse celebrado y que debería haber tenido un sólo resultado: la derrota de ambos clubes, pero no con 0 puntos para ambos, con pérdida de puntos para los dos, y cierre de los dos estadios para bastantes jornadas, así seguro que ya se encargarían ambos clubes de que los sucesos de ayer no se pudieran volver a repetir, porque los radicales son conocidos, tienen antecedentes y, si se quiere, se les puede controlar y evitar que hagan lo que hacen, sólo hay que querer.

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También ayer, en Mestalla, una botella impactó en la cabeza de Messi cuando celebraba el gol del Barcelona. La ley ya está, no puede haber botellas en los campos de fútbol, si hubiese vergüenza en el fútbol, Mestalla debería ser cerrado por varios partidos y el club debería ser sancionado, además, con la pérdida de puntos, el culpable es el cafre que lanzó la botella, pero la responsabilidad es del club que permitió que esa botella estuviese allí.

Nada de eso se hará, no se castigará al Valencia, seguirá habiendo objetos contundentes en los estadios, y tampoco sufrirán sanción ni Atlético ni Depor, que se limitaran a lamentar y condenar los hechos exculpándose como si no tuviesen responsabilidad en ellos. Lamentaremos más muertes. #Liga