En la mañana de un domingo previo a un partido sin trascendencia, Atlético de Madrid y Deportivo La Coruña, no se jugaban nada más allá de los tres puntos. El campeonato, apenas si comienza, no existe una rivalidad tan marcada como para que exista tensión que los empujen a iniciar una pelea que por si fuese poco estaba concertada a través de las redes sociales.

Doscientas personas citadas entre sí para molerse a palos en pleno siglo 21 parece cosa de broma, pero que luego las autoridades busquen culpables en ambos clubes para castigar a alguien por la muerte de uno de los protagonistas de la pelea es un verdadero sinsentido.

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Por el momento un solo fallecido: por fortuna, Jimmy de 43 años, que deja una viuda y dos hijos y todo por una verdadera estupidez. 200 adultos enfrentados entre sí como animales, olvidando todo y entregándose a una batalla campal sin sentido alguno, sin mar de fondo por así decirlo; y, ahora, tras un macabro saldo de una persona fallecida, unos cuantos heridos y mobiliario urbano destrozado, ni los políticos ni las autoridades aciertan - por una vez, Dios mío- a tomar las medidas correctas.

Se habla de sanción a los clubes, de tomar medidas drásticas, de sanciones, de…. Un poquito de cordura señores; España, por suerte, no es un país donde la violencia haya tomado por asalto ningún deporte. No sólo el #Fútbol; las fuerzas de seguridad tienen identificados al menos a cien de los participantes, los verdaderos y exclusivos responsables de unos hechos que lejos están de ser responsabilidades de los clubes.

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Vamos, sería insólito e irracional que cualquiera de las dos instituciones reciban sanciones por algo que ni provocaron ni alentaron ni participaron.

Si tienen cien energúmenos identificados pues los cien irán a la cárcel, son los cien responsables o parte de ellos de la muerte de un hombre. Pero cuidado, nadie puso al fallecido allí, no pasaba casualmente por allí, era uno más de los participantes de la pelea, por tanto tan o más responsable como cualquiera de los que allí participaron en una gresca tan estúpida como inútil. Jimmy falleció por que se metió, participó y alentó a más gente a darse garrotes como cavernícolas, no es ni inocente ni mártir.

Proponer castigos a los clubes es una muestra total y absoluta de incapacidad, de tirar por el lado más cómodo y con menos trabajo, aquí falló la seguridad ciudadana, falló la policía y falló el ser humano si es que así se le puede llamar a los dos centenares de personas que se citaron nada más ni nada menos que para pelearse como animales.

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Francisco Romero Taboada, Jimmy, no falleció trágicamente sino que fue víctima de su propia inconsciencia, de su propia brutalidad, de su propia violencia; los culpables de todo esto son sus propios compañeros de trifulca, los criminales, los que deberían ser condenados por homicidio culposo junto a los participantes por parte de los ultras atléticos, los clubes nada tienen que ver con la brutalidad y la premeditación que hicieron uso los doscientos participantes de una irracional pelea.

Espero que la justicia, por una vez en la vida utilice el sentido común y proporcione a estos animales su justo castigo como ejemplo para futuros energúmenos como los causantes de todo esto.