Más que de una noticia, se trata de una reflexión. La muerte de un aficionado del Deportivo de la Coruña tras una disputa entre los ultras del Atlético y el Deportivo es, desgraciadamente, por todos ya conocida. La reyerta se disputó en los aledaños del Calderón sobre las 9 de la mañana, horas antes de disputarse el partido, y la noticia se filtró incluso a los jugadores -algunos lo afirman y otros lo desmienten- justo antes de empezar el partido, por lo que el debate sobre si debía haber o no jugado queda abierto.

Lo cierto es que al mediodía, aproximadamente a las 15 de la tarde, los informativos abrían ya con la triste noticia.

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La muerte se debía a una parada cardiorespiratoria después de haber sido lanzado al río; y la policía detuvo a 21 personas, seis de las cuales tenían antecedentes. Pero fuera del morbo y de la descripción de los hechos, lo destacable es que este suceso no es algo nuevo, como ya sabemos.

Todos los clubes, incluido el Atlético de Madrid, han condenado enérgicamente este hecho, bien sea a través de los jugadores, presidente o entrenadores. En el caso del Atlético, cuyos hinchas han sido responsabilizados de tal tragedia junto con los del Deportivo, han publicado un comunicado en el que afirman que "todos juntos debemos luchar para acabar con la lacra de la violencia en el deporte" puesto que "los valores que fomenta el deporte deben prevalecer por encima de cualquier rivalidad…". Y es que, digo yo, no solamente en el deporte sino en la vida misma.

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Con esto, el grado de fanatismo y por tanto de ignorancia que manifiestan estas personas que incluso organizan reyertas de forma organizada a través de las redes sociales dice mucho (o mejor dicho, muy poco) de la sociedad en que vivimos. Cierto es que ha sucedido en torno a un evento deportivo, pero hubiera podido ser en cualquier otro lugar y momento, pues la única cosa que muestra es el grado de enfermedad de una sociedad que, en lugar de madurar y hacer valer las cosas positivas de la vida, y el deporte en este caso, se ceba en buscar las diferencias como excusas para hacer valer la violencia como forma de imposición. Es decir, de no diálogo, de no comprensión, de no aceptación. Y así, desde luego, no puede irnos bien, ni como país ni como sociedad. #Fútbol