Eugenia Onopko, aunque nacida en Rusia, asturiana desde los cuatro meses, se retira definitivamente de lo que ha sido su mundo desde bien pequeña, la gimnasia rítmica, pasión que heredó de su madre y de su abuela, pues estas fueron también gimnastas, habiendo sido su padre futbolista del Real Oviedo. El deporte se mamó siempre en casa de Eugenia y ella decidió seguir el mismo camino, hasta hoy, un camino que ha estado lleno de altibajos pero que estamos seguros que le ha dado momentos gloriosos.

Aunque ha anunciado que no se desvinculará de la gimnasia rítmica, puesto que seguirá en cierto modo como entrenadora y juez, la asturiana ha decidido acabar con su trayectoria sobre el tapiz.

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Es trabajadora, expresiva y con ángel. Esos han sido probablemente los adjetivos que más se han utilizado para definir a Eugenia Onopko, una gimnasta especial y capaz de enamorar a cualquier aficionado. Era hasta hace días la tercera gimnasta, junto con Carolina Rodríguez y Natalia García, en formar parte de la categoría de honor. Ha sido varias veces campeona de España en diferentes categorías, medallista en competiciones internacionales y décima en los I Juegos Olímpicos de la Juventud celebrados en Singapur en el año 2010. Pero como decíamos, a pesar de sus logros en el mundo del deporte, siempre será recordada como una gimnasta especial, capaz de transmitir sentimientos y sensaciones que pocas gimnastas logran comunicar. Su último ejercicio de cinta, por ejemplo, fue una buena muestra de ello.

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Eugenia ha contado siempre con el respaldo de los aficionados, especialmente los del club Omega asturiano que dirige su madre, y aunque quizás se haya ido con la espinita de haberse podido colocar más arriba y haber realizado más competiciones internacionales, lo cierto es que hay quienes dejan huella y, seguramente, ella es una de ellas. Es de esas gimnastas que siempre se recordaran con una sonrisa y con uno de esos suspiros que provoca el acercamiento al arte que en ocasiones es la gimnasia rítmica.