Doscientos sesenta días desde aquel fatídico partido ante el Schalke. Más de ocho meses sin disfrutar de la magia de un joven genio, sin aplaudir la osadía de un chaval decidido a disputarles el puesto a las mayores estrellas del mundo. Demasiado tiempo sin Jesé, sin su chispa, sin ese descaro que tantas veces puso en pie a un Bernabéu deseoso de regalar su cariño a un chaval de la casa.

Una cuenta atrás demasiado larga, pero que por fin ha terminado. Atrás quedaron horas y horas de fisioterapia, trabajo en la playa y en la piscina, recuperando una rodilla que tuvo que ser operada hasta en dos ocasiones. El jugador de Las Palmas ha vuelto a los terrenos de juego y los ocho meses de calvario ahora parecen quedar eclipsados ante el prometedor futuro que tiene por delante.

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La noche escogida fue la de ayer, martes 2 de diciembre. El #Real Madrid recibía al Cornellá en el segundo partido de una eliminatoria de copa que ya había sido sentenciada en la ida. Un día más para el mundo del #Fútbol, pero al mismo tiempo, una fecha marcada en el calendario de Jesé. Tocaba volver a casa .

El primer minuto del segundo tiempo despertó un murmullo entre el respetable, que inmediatamente fue seguido de una ovación de esas que parecen salir del corazón del estadio. Como si cada rincón del Bernabéu se alegrara de ver a Jesé salir a calentar, sabedor de que el 3-0 reflejado en el luminoso no era el protagonista de la noche. Para el regreso hubo que esperar hasta el minuto 56. El coliseo blanco se rendía ante la vuelta de uno de sus referentes, un chaval que ha conquistado el corazón de la hinchada más exigente del mundo.

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Darle la bienvenida compensaba el frío y la falta de emoción de un partido sin historia.

Con sólo un cuarto de hora sobre el césped, Jesé dejó el primer regalo para aquellos que se acercaron a presenciar su vuelta. Un precioso caño de tacón borraba de un plumazo ocho meses del calendario, pero lo mejor estaba aún por llegar. Corría el minuto 31 de la segunda mitad e Isco, coronado como anfitrión de lujo en una noche especial, le daba su particular bienvenida al canario con un pase precedido de una jugada mágica. El derechazo cruzado de Jesé hizo el resto y el regreso soñado se hacía realidad.

Como no podía ser de otra forma, la celebración se tornó en agradecimiento, con un abrazo al equipo médico que desde el banquillo contemplaba los frutos del trabajo bien hecho. Los ocho meses de dolor, esfuerzo y constancia habían merecido la pena y ahora toca mirar hacia delante. Ni la manita del marcador, ni el pase a octavos eran los responsables de esas sonrisas dibujadas en los rostros de los espectadores, que volvían a sus casas con la sensación de haber vivido un partido especial. Su niño por fin está de vuelta.