Tras el pinchazo del F. C. Barcelona, empatando a cero contra el Getafe, y la derrota sufrida por el Atlético de Madrid en su propio campo contra el Villarreal, el Real Madrid acabará el año como primero en la tabla clasificatoria, pase lo que pase. Los de Ancelotti llevan un ritmo trepidante de victorias: doce consecutivas en Liga y, la suma de todos los campeonatos oficiales, ya son 20.

La última "víctima" por 1-4 fue el Almería. Salieron prestos a la "lucha" con todo su "arsenal" disponible y con un planteamiento muy atrevido los almerienses. Sin embargo, aunque incomodó al equipo blanco durante gran parte del partido, cuando la "BBC" se puso en marcha, no fue posible parar a este equipo de récords.

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Por su parte, las máximos perseguidores de los de la capital, F. C. Barcelona y Atlético de Madrid, no supieron o no pudieron aguantar el ritmo que les marca el que es, a día de hoy, el equipo de grandes conquistas y retos conseguidos. Sin embargo, cuando se le pregunta al míster por los récords batidos, responde con un humilde, sincero y realista: los récords no nos dan campeonatos.

Nadie hubiera imaginado que en la actual temporada, el #Real Madrid pudiera ser una máquina de marcar goles y ganar partidos, tal y como empezó la Liga. ¿Dónde reside el secreto de este cambio radical? Quizá la explicación la podamos encontrar en tres ingredientes básicos que configuran cualquier grupo humano: trabajo, sentido de grupo y profesionalidad. Tres ingredientes que el míster ha sabido, hasta ahora, gestionar de modo espléndido y que, al parecer de muchos analistas de #Fútbol, únicamente las mentes lúcidas y creativas pueden dar con "la tecla" para que tantas estrellas juntas no se ensombrezcan entre ellas, sino que alumbren todas según sus distintas posibilidades y potencialidades.

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Lo cierto y verdad es que a fecha de hoy, el Real Madrid, con Cristiano Ronaldo comandando la nave blanca, hace que a los que nos gusta el arte del fútbol, nos deleitemos con su juego y creamos que se puede combinar perfectamente el equilibrio en toda la extensión del terreno de juego, no aburriendo al espectador con posesiones largas de balón pero sin ninguna sensación de juego. ¡Que aproveche!