Quizás la explicación esté en la humedad del Manzanares, en ese frío que congela a los rivales en invierno o en la brisa que el río regala al estadio en los meses más calurosos del año. Tal vez sea por el concierto de noventa minutos que un coro de más de cincuenta mil personas dedica a su equipo cada partido o por un banquillo que vive cada choque como un aficionado más y cuyo aliento parece dar energía a los jugadores. Quién sabe, la explicación incluso podría estar en una despedida, en un club sabedor de que tendrá que abandonar su feudo más pronto que tarde y que quiere honrarle como se merece.

Pero siendo sensatos, las razones a escoger deben ser otras. La primera tiene nombre y apellidos, aunque en su fortín todo el mundo le conoce como el Cholo.

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Desde su llegada, el Atlético ha vuelto a convertirse en uno de los grandes de Europa, convirtiendo el Calderón en una fortaleza inexpugnable e imprimiendo su carácter vencedor a un equipo que andaba de capa caída. Lo del pupas parece haber quedado atrás y Simeone ha logrado confeccionar una plantilla capaz de tratar de tú a tú incluso al eterno rival, algo que por esa orilla del Manzanares se echaba mucho de menos.

El segundo motivo nace en esos jugadores, en un plantel que ha hecho desaparecer a la mala suerte a base de esfuerzo y trabajo. En una línea defensiva equilibrada, transformada en un pestillo que junto al meta cierra su arco semana tras semana. En ese centro del campo, en el que calidad, intensidad y saber hacer conviven a partes iguales o en una delantera abonada al gol, aunque varíen sus protagonistas.

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Un equipo que sólo puede entenderse como un todo y que, por fin, parece volver a identificarse con los valores de lucha y sacrificio grabados en su historia. A esos valores debemos unir el de la constancia, transmitido por una afición que, tras muchos años, vuelve a tener un equipo a su altura y con el que forma una comunión que sólo se explica viviendo un partido en el campo.

El caso es que el Atlético sigue sin perder en casa y ya hay que echar la vista atrás un año y medio para ver la última vez que lo hizo en #Liga. En la Champions la historia es la misma, conservando su portería a cero en siete de los últimos ocho partidos en su feudo. Su última víctima fue el Olympiacos y el 4-0 del marcador sella su paso a octavos de final, manteniendo ese paso regular con el que siguen alcanzando metas y que les hace vivir cada partido como una final. Un compromiso que cuando juegan en el Vicente Calderón, transforman en un claro mensajes para sus rivales: "Hoy no, aquí no, esta es nuestra casa". #Champions League