El beisbolista Giancarlo Stanton, del equipo de la ciudad de Miami, en el estado norteamericano de Florida, los Marlins, firmó esta semana el contrato más grande de la historia del deporte: 325 millones de dólares de salario por los próximos 13 años, y a sus 24 años se convierte de hecho en uno de los deportistas mejor pagados del mundo.

El volumen del contrato sorprendió tanto a entendidos como aficionados, pues aunque Stanton tuvo una temporada muy destacada con su equipo, con números realmente notables, otros grandes del deporte nacional de los #Estados Unidos, el beisbol, en equipos con mucho más capital, no habían recibido contratos de esta magnitud.

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Baste con decir que la gran estrella de la actualidad, y el futuro, el jardinero de los Angelinos de los Ángeles, Mike Trout, de solo 22 años de edad, recibió un contrato de 144 millones de dólares por jugar seis temporadas. El record anterior en el deporte era de 275 dado por los súper poderosos, y ricos, Yankees de Nueva York al tercera base Alex Rodríguez.

Pero, los tiempos cambian, y lo mismo está sucediendo en el fútbol en Europa, sobretodo en España e Inglaterra, los salarios de las estrellas alcanza niveles estratosféricos, mientras que la inmensa mayoría de los jugadores cobra muchísimo menos: el salario mínimo es de 504 mil dólares por temporada.

Volviendo a Stanton: apenas se conoció la noticia los medios de prensa buscaron cómo había recibido la noticia el nuevo recordista, y por supuesto que lo encontraron…de fiesta en el Hotel Delano a las tres de la mañana junto a algunos de sus mejores amigos, y bellísimas mujeres.

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La fiesta a toda marcha, y correspondiendo a la frase que no por manida deja de ser cierta: el dinero llama dinero, y el deportista con el contrato más grande del mundo recibe un regalo: una botella de champán vendida por la irrisoria cifra de Veinte Mil dólares.

Pues sí, una botella de un néctar de nombre enorme e impronunciable: Moët Nectar Impérial Rosé Leopard Luxury Edition Methuselah. La misma apenas contiene seis litros del licor, por lo que no dudemos que sea suficiente para emborrachar a más de uno, y está recubierta por una lámina de oro de 22 quilates. Es tan exótica que solo se han producido 60 de tales botellas. Indiscutiblemente no todo el mundo aprecia un buen elixir.

Y alguien pensaría que tamaño regalo vendría del equipo por el cual tan gustosamente veremos a Stanton los próximos 13 años, pero no es así. La botella fue pagada por una de las reinas de las fiestas en la ciudad más festiva de los Estados Unidos, una belleza rubia que responde al nombre "Julz", y que con esos regalos parece querer ser más que una simple fanática al deporte de las bolas y los strikes.