Por increíble que parezca, lo que pone en peligro el éxito de la celebración en Rusia en el 2018 del Mundial de #Fútbol no es la calidad de sus instalaciones deportivas sino la de sus hoteles para acoger las decenas de miles de fanáticos que acompañaran a sus selecciones en la magna cita. Durante una reunión del consejo observador, que se mantiene al tanto de la gestión del comité organizador de la Copa del Mundo Rusia 2018, el ministro de deportes de la Federación Rusa, Vitali Mutkó, se quejó de las malas condiciones de alojamiento presente en muchas de las ciudades sedes de los partidos de la cita.

Según el dirigente ruso, se necesitan unas 50 mil habitaciones en hoteles de 3, 4 y cinco estrellas para satisfacer las necesidades de los visitantes, y alertó que este asunto pudiera convertirse en un serio problema si no se encuentran alternativas pronto.

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Mutkó adelantó que se planea la construcción de uno 64 hoteles previos a la cita mundialista, pero que en la mayoría de las ciudades organizadoras el déficit de instalaciones que cumplan con las exigencias para este tipo de eventos es muy serio. Solo cuatro de estas ciudades, Moscú, San Petersburgo, Sochi y Kazán, cuentan con el número de habitaciones de calidad, por lo que los trabajos en la infraestructura hotelera deben ser considerados de alta prioridad en el menor tiempo posible.

El ministro insistió que cada ciudad organizadora deberá contar antes del inicio de las competiciones con al menos cuatro hoteles de calidad, pues no se debe pensar solo en las escuadras asistentes sino también en los hinchas que se trasladaran a Rusia mientras dure la competencia. Mutkó se quejó de la lentitud de las obras a menos de cuatro años del pitazo inicial.

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Si se toma en cuenta que durante el Mundial de este 2014, unos 700 mil turistas se llegaron a tierras brasileñas todo parece indicar que la cifra pudiera incluso ser mayor, por lo que el éxito de la cita dependerá en gran medida de cumplimentar este requisito de la mejor forma posible.

Ya hace dos años la FIFA había anunciado las ciudades rusas que acogerían el certamen, y en aquella fecha se alegaba que la decisión de concederle la sede a Rusia incluía la buena infraestructura de las mismas, y las posibilidades de dejarles un legado a las futuras generaciones. Las ciudades seleccionadas fueron Moscú, San Petersburgo, Ekaterimburgo, Sochi, Kazán, Nizhny Nóvgorod, Samara, Rostov del Don, Kaliningrado, Volgogrado y Saransk, todas con grandes estadios de más de 40 mil capacidades, con especial destaque para el Luzhnikí de Moscú con capacidad para 89.318 espectadores y el de San Petersburgo con 67 mil.