Evoluciona dentro de la gravedad el piloto francés Jules Bianchi después del accidente, que provoco el final adelantado del Gran Premio del Japón de #Fórmula 1, el cual se disputaba en el circuito de Suzuka. Un accidente del Sauber de Adrian Sutil provocado por un aguaplaning en la curva número siete del circuito. Mientras se retiraba el vehículo accidentado Bianchi entro en la dicha curva, que al intentar hacer la maniobra para esquivar ésta perdió el control debido también a otro aguaplaning, estampándose contra la grúa violentamente. Del impacto el casco resultó completamente destrozado; siendo operado de urgencia de heridas graves en la cabeza. En estos momentos se le ha retirado la respiración asistida aunque sigue en coma inducido. 

Este tipo de accidentes son frecuentes en todos los deportes de motor. Un deporte hermano de la F1 como es el motociclismo suma la velocidad con la precariedad de equilibrio y la aun mayor exposición del piloto; los accidentes son frecuentes y algunos graves como el que costó la vida a Marco Simoncelli en 2011. El accidente que ha sufrido Bianchi es muy parecido al de María de Villota en unos test, donde después de superar las primeras horas pudo recuperarse e incluso volver a la normalidad, pero un año después murió de forma súbita a causa de las secuelas aunque hasta el momento de la muerte no dio síntomas. 

La muerte de Ayrton Senna en 1994, provocó un cambio de mentalidad en lo que hace la seguridad. Hasta entonces los accidentes eran frecuentes y muchos mortales. Pero el mismo Sena convenciendo a su gran oponente Alain Prost, los cuales lideraban el mundo de la F1 y por tanto arrastraron a los demás pilotos en una confrontación contra los constructores reclamando mayores medidas de seguridad. Su muerte hizo cambiar las normas, tanto en la protección en el mismo vehículo, como las medidas de protección de los circuitos. 

Pero cuando vas a 300 Km/h encontrar un muro implica que toda la energía se consume en aplastar vehículo y conductor. A más los bólidos son descapotables, que es útil a la hora de abandonarlo rápidamente pero expone de forma excesiva la cabeza del piloto. Escenas como la de un coche pasando por encima de otro, y observar una rueda pasar a escasos centímetros del casco, no son muy infrecuentes. 

La pregunta es ¿realmente vale la pena? La F1 en cierto sentido paga mucho dinero a sus pilotos, pero en la parrilla de salida hay solo 22 afortunados pilotos (a los que podemos añadir los de otras modalidades como la Indycar y otras), el resto de los miles de pilotos que se dedican al automovilismo corren en categorías que les da sólo para vivir, corriendo de forma anónima los mismos riesgos que los afortunados. 

La antigua Roma tenía deportes que venían del movimiento olímpico griego clásico; aunque en realidad la afición real de los romanos era las Luchas de Gladiadores. Hoy esta práctica nos parece una salvajada, pero la supervivencia de un gladiador estaba por encima del 80% y morían más gladiadores por heridas que por bajar el pulgar. En la actualidad vemos deportes donde sus integrantes se están constantemente jugando la vida, y la mayoría de sus integrantes abandonan su práctica con lesiones de por vida. 

Como en la Edad Media donde litigantes profesionales llenaban las plazas de espectadores, con Torneos donde se jugaban el prestigio y la vida a cambio de reconocimiento y poder comer; hoy los circuitos de F1 suplen esta necesidad que tiene la población de emoción y riesgo. Se juegan la vida aunque los protocolos de seguridad esconden de forma explicita este hecho; pero que deportista de élite hoy no se juega la vida.