Marc Márquez (Cervera, 1993) necesitaba terminar el GP de Japón por delante de Valentino Rossi y su compañero de equipo en Honda, Dani Pedrosa, para proclamarse por segundo año consecutivo campeón del mundo de #Moto GP y el piloto catalán no falló, como es habitual desde que irrumpiera en el mundo de las motos profesionales allá por 2008, período en el que ha ganado ya cuatro títulos mundiales, dos de ellos en la categoría reina. En la carrera disputada esta madrugada en el circuito japonés de Motegi ha tirado de estrategia para no arriesgar más de la cuenta y terminar en segunda posición justo por detrás de Jorge Lorenzo, que se ha alzado con el triunfo en una brillante carrera del mallorquín.

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Márquez ha sumado un nuevo récord a su trayectoria al convertirse en el piloto más joven de la historia en ganar dos títulos consecutivos en la máxima categoría, superando a Mike Hailwood, una leyenda del motociclismo.

La carrera de Márquez fue un homenaje de talento, estrategia, inteligencia, ambición y atrevimiento, al mismo tiempo que cautela, en el circuito de Honda, precisamente la marca que fabrica su moto y con la que mantiene un idilio desde que los japoneses decidieran hacerse con sus servicios tras su segunda y exitosa temporada en Moto2. Partió de la cuarta posición de la parrilla y, tras un toque con Lorenzo, se dejó llevar para no cometer nuevos errores como en Aragón o en Misano. Sacó su lado más racional, más calculador y, desde la sexta posición, empezó a construir su estrategia de campeón.

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Márquez no aspiraba a ganar una batalla, tenía el triunfo en la guerra al alcance de su mano y no estaba dispuesto a dejarlo escapar por terminar primero.

Valentino Rossi, Jorge Lorenzo y Andrea Dovizioso formaron un terceto al frente de la carrera que rápidamente marcó diferencias con Dani Pedrosa y Andrea Iannone. Márquez, entonces, decidió tirar de galones. Se deshizo primero del italiano y luego de su compañero de equipo y se centró en marcar su ritmo para ir recortando terreno a los líderes y situarse a la rueda de Dovizioso en la vuelta ocho. En las eses que siguen al primer túnel de Motegi, entre las curvas siete y ocho, Márquez se situó tercero y puso su vista en el título mundial. A aquellas alturas, sólo se lo podía arrebatar Valentino Rossi.

Sin embargo, Jorge Lorenzo le hizo un favor involuntario al catalán al adelantar a Rossi y dejar la pista limpia para que el actual campeón sólo tuviera que ejecutar a su ídolo. Se tomó su tiempo, no quería errores innecesarios.

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Decidió abordar la operación en la curva nueve y, a falta de nueve vueltas, le enseñó su rueda en aquel tramo de la pista. Pero Rossi es perro viejo, por tanto, difícilmente impresionable. El box de Márquez contenía la respiración y enla siguiente vuelta, en el mismo punto, ejecutó un impecable adelantamiento. De ahí al final, el de Cervera sacó a relucir su lado más inteligente. Ciñó su objetivo a marcar un ritmo cómodo y distanciar a Rossi, el único que le podía arrebatar el título a aquellas alturas. No le importaba que Lorenzo ganara la carrera, él quería cerrar el título en casa de sus patrones. Y así lo hizo, con astucia, equilibrio, paciencia y saber hacer, con una moto que se le ajusta como el guante o el casco, con momentos de atrevimiento imprescindibles para ser campeón y otros más analíticos para no repetir errores. El techo del bicampeón está lejos porque a su talento innato está uniendo una madurez cada temporada que le convierte en un enemigo temible en todos los terrenos.