El rugby, ese deporte que a simple vista parece un deporte de becerros, animales y brutos es todo lo contrario, está considerado como uno de los deportes más limpios y con mayor respeto que otros deportes, bien es cierto que hay mucho contacto físico pero es parte del juego y no por ello hay que juzgar un libro por su portada. Por eso, lo que paso este fin de semana pasado en la final de Rugby League (una modalidad de rugby que hay 13 jugadores en lugar de 15) de Inglaterra que enfrentaba al Wigan - Saint Helens es impactante para este mundo.

El jugador del Wigan Ben Flowers a los 2 minutos de partido tras una acción de ataque por parte del Saint Helens lanzó un puñetazo, salvajemente, a Lance Hohaia jugador del Saint Helens, un puñetazo que derribo al neozelandés. No contento con ello, se puso sobre el y propino otro puñetazo en el rostro. La agresión provocó una violenta tángana entre los jugadores de uno y otro equipo. El médico fue rápidamente a atender al jugador del Saint Helens que yacía en el suelo mientras sucedía la tángana. Una acción que terminó con Ben Flowers en el vestuario con expulsión directa, la primera expulsión en una final inglesa de la Super League, y Lance Hohaia inconsciente en el terreno de juego.

Ambos jugadores han hablado, por un lado, Hohaia decía: "después no recordaba nada de lo que había ocurrido". Mientras que Ben Flowers "Sucedió en la excitación de ese momento, cuando nuestras emociones y adrenalina están en lo más alto", explica el jugador, que añade que "lo lamenté al instante y estoy destrozado por haberme dejado llevar hasta golpear a alguien de este modo". A pesar de sus palabras se enfrenta a una sanción que se espera que sea ejemplar.

El resto del partido se jugo con cierta normalidad decantándose la victoria por el St Helens por 14 - 6, un resultado que importa pero no tanto como que se den estos casos en el mundo del deporte y mancille un deporte tan noble y honorable, sobre todo a ojos de la prensa, donde las únicas noticias que salen son noticias de peleas, tánganas y golpes contundentes, cuando hay gestos más nobles y más propios del rugby que nunca se muestran.