Paseo por Valencia sobre los charcos que han dejado en las calles de la ciudad las últimas gotas de lluvia. Y a la vez, observo con interés cómo en la mayoría de sus bares la protagonista en televisión, de nuevo, es la selección absoluta de fútbol.

Y ello a pesar de que los últimos artículos deportivos, de prácticamente toda la prensa nacional, no hablen de otra cosa que no sea el estrepitoso ridículo de la selección, el viernes pasado, ante Eslovaquia. Cualquier telediario abría su apartado deportivo con este titular. Y no seré yo quien me aventure a negar que el fútbol, en España, sea el deporte con más seguidores o aficionados.

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Pero no por ello deberíamos dejar que fuese siempre el protagonista. Ni el fútbol, ni los deportes ni deportistas en masculino. Me explicaré.

En los últimos tiempos el protagonismo deportivo hubiera debido recaer sobre la plata de la selección española femenina de baloncesto, sobre el campeonato del mundo del conjunto de gimnasia rítmica en la final de mazas o el oro de las chicas de la selección de waterpolo el pasado julio. O sobre nuestra saltadora Ruth Beitia, elegida como la tercera mejor atleta europea de este año. O sobre el campeonato del mundo de bádminton conseguido por Carolina Marín, por ejemplo.

Y es que, el deporte en femenino es el que ha otorgado al deporte español el 65% de sus triunfos en lo que llevamos de año. No se trata de restar mérito a nuestros deportistas masculinos, individuales o en equipo, sino de empezar a reconocer que dentro de la categoría femenina contamos con un extraordinario potencial que apenas es noticia.

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Y si lo es suele serlo por tan lamentables actitudes machistas como las que suscitó el nombramiento de una mujer, Gala León, como capitana del equipo español de copa Davis, que aunque intente disfrazarse con otros motivos, no apunta más que, como he dicho antes, a un existente machismo que todavía está latente en nuestro deporte en general.

Se trata de poner en valor y reconocimiento el enorme esfuerzo y talento que realizan nuestros deportistas. Por igual. Aunque no dejo de reconocer que en esta materia, y a los hechos me remito, todavía nos queda mucho por avanzar.