Qué se puede decir que no se haya ya dicho del partido del sábado. De forma repetitiva y convulsiva los espacios de deportes han analizado el estado físico, jugadas, alineaciones, e incluso si el árbitro ira "Bien F."; una vez acabado claves, reacciones consecuencias... en definitiva años de estudio sobre partículas elementales no generan tanta documentación como las dos semanas en que se alarga increíblemente un juego de 90 minutos. Así pues aportar algo nuevo a este partido es inútil; excepto que se aporte lo más importante, que es su total futileza.

Un anacronismo es algo que le ha pasado su tiempo pero no ha desparecido. No se ha de confundir con costumbre, aunque muchas costumbres lo sean. Un anacronismo es mantener leyes y normas de tiempos pasados para usos que actualmente no existen, o mantener una tradición totalmente muerta que por tanto ni evoluciona ni se renueva. Por ejemplo la música clásica interpreta piezas que se escribieron hace muchos años, cuando las modas eran diferentes; pero con cada generación de nuevos músicos estas piezas recobran vida diferente, incluso con intérpretes que intentan ser fieles al tiempo de ésta. Pero la música clásica tiene otra singularidad, en su tiempo se escribieron muchísimas más obras que las interpretadas regularmente, siendo las que sobreviven como clásicos una casualidad del ingenio humano, su calidad las hace realmente intemporales. En realidad eso quiere decir clásico, algo que transciende su contexto temporal porque es universal a lo humano.

Un Madrid Barça ¿es un clásico? La respuesta es no. El nombre se lo puso la prensa deportiva por el hecho que los dos equipos junto al Athletic de Bilbao no han bajado nunca de categoría, coincidiendo así estos ocho partidos (partidos que juegan entre estos tres) en todas las temporadas de primera división disputadas, algo que también habría de elevar a esta categoría un Madrid Athletic o un Barça Athletic. Pero que se repita algo no significa que sea un clásico, en realidad la mayoría de cosas que se repiten suelen ser anacronismos.

La liga de #Fútbol en si es un anacronismo. Al acabar el verano empieza una competición donde se repetirán incluso los errores de cada temporada. Aunque el resultado de cada partido y final sea incierto, que realmente poca importancia tiene exceptuando algún momento concreto, el resto es del todo previsible: las selecciones pedirán gente en el peor momento, los árbitros se equivocaran, habrá campos sancionados, lesiones infames, declaraciones incendiarias… Cada temporada los equipos fichan por encima de sus posibilidades, son maltratados por el arbitraje en algún momento, y unos cuantos entrenadores serán destituidos. No hay sorpresas incluso sabemos que Barça o Madrid serán candidatos al título ganándolo uno de los dos casi seguro e independientemente del resultado de los dos clásicos.

Pero no menospreciemos el anacronismo. Repetir cosas da seguridad, y el resultado incierto de también un punto de emoción. La radicalidad en el campo de fútbol permite salirse de los estándares en un mundo controlado, y cuando acabe el partido vuelves a casa seguramente indemne; en cambio si uno se sale de las casillas en la calle, puede acabar detrás de una barricada contestando armas automáticas con adoquines, algo realmente peligroso para la supervivencia. El fútbol es una buena vía de escape temporal, pero por desgracia se convierte en permanente. Hoy más que el síndrome de Peter Pan habríamos de hablar del síndrome Oliver y Benji, adultos entrados en años, que no han superado su adolescencia, el lunes han salido a la calle con la camiseta de su equipo y el nombre de su ídolo (en este caso del Madrid pero igual con el Barça).

Este lunes una parte importante de la población ha salido a la calle orgullosa y feliz, pero ni su sueldo ha mejorado y aún menos su situación económica. El fútbol no tiene ninguna incidencia real para sus seguidores, excepto un falso orgullo ante los logros de su equipo, obviando que todos vivimos de los logros propios. Se llegan a extremos de tener más cariño a la estrella de turno del equipo, que normalmente suele ser un niño mal criado, que a sus propios hijos. Y todo el mundo olvida que las estrellas pasan, y que el partido del pasado sábado morirá en el olvido como tantos otros enfrentamientos, como mucho pasaran a llenar una estadística.

Si nombro Waterloo, todos sabemos de qué estoy hablando (espero). En esa batalla a parte de los muertos, cambió la historia de Europa. Por muchos partidos que se jueguen aquí no se decide nada. Anacrónicamente se repiten los rituales, y al final, lo único que se hace es repetir hasta la saciedad algo que da mucho dinero a un número reducido de personas.