A diferencia de otros grandes jugadores de la NBA, José Manuel Calderón es un jugador que no tiene un gran peso mediático en la televisión. No despierta pasiones y no logra en cada partido levantar al público con lo que los estadounidenses llaman "highlights". No es un jugador al que se fiche para vender miles de camisetas o protagonizar anuncios. Su trabajo es el de un obrero de base en la industria que es el #Baloncesto en Estados Unidos.

Y es precisamente ese el papel por el que fue fichado por los New York Knicks a cambio de Tyson Chandler y Rymond Felton, que acabaron en los Dallas Mavericks, equipo que hasta ese momento contaba con los servicios del base nacido en Badajoz por un total de cuatro años de contrato en la liga.

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De hecho no solo fue fichado por los New York Knicks, fue fichado personalmente por el presidente de la franquicia, Phil Jackson.

Para aquellos que lleven los últimos veinticinco años en una cueva del Himalaya, se trata del mejor entrenador de las últimas décadas. Se trata de un entrenador capaz de ganar seis anillos con los Chicago Bulls en los años de Michael Jordan, que hasta su llegada no había logrado llegar a las finales. Se trata del entrenador que logró tres anillos con Los Ángeles Lakers en la época de los duelos en la cancha entre Shaquille O'Neal y Kobe Bryant. Se trata del entrenador que logró recoger los pedazos de la franquicia angelina cuando fue destruida por múltiples escándalos y llevarla a ganar otros dos anillos antes de anunciar su retirada de las canchas de baloncesto.

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Sin duda se trata de una de las voces más autorizadas del baloncesto estadounidense y cuando él hace una apuesta personal por un jugador por algo lo hará. Ahora mismo Calderón es esa apuesta y ha demostrado en la cancha por qué lo es. En muy pocos partidos se ha hecho con las riendas de un equipo difícil y ha logrado hacerlos funcionar como un reloj. No consigue titulares, pero hace que las estrellas de su equipo lo tengan más fácil. No es una estrella, pero es una pieza clave.

Con jugadores como él puede que los New York Knicks vuelvan a ser el equipo que fueron en los años setenta.