Al final ha pasado lo que tenía que pasar. Si algo tiene el deporte, es que es resultadista. Los objetivos son los que son y si no se cumplen te vas a la calle, más aún si no se acercan siquiera a cumplirse y se demuestra que no ha sido mala suerte.

En el momento en el que, sentados frente al televisor, vimos como la selección española de #Baloncesto vagaba sin rumbo por la cancha sin tener en ningún momento claro hacia donde se dirigían, quedó claro que alguien iba a perder la cabeza al acabar el partido a no ser que se produjera el milagro y todo se aplazase un tiempo. La pregunta era qué cabeza acabaría por rodar por el parquet.

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Desde luego el público, más o menos inteligente, más o menos sabio, pero desde luego muy sincero, dejó muy clara la cabeza que ellos había elegido.

Juan Antonio Orenga fue el blanco de todas las críticas tanto en la grada como posteriormente en la prensa. De hecho incluso algunos jugadores dieron a entender que estaban muy de acuerdo con lo que habían oído en la grada.

Desde entonces todos hemos esperado el momento y hemos observado en la prensa lo que no dejaba de ser la crónica de una muerte anunciada. Nada más acabar el partido ya habían matado a nuestro particular Santiago Nasar y solo esperábamos para averiguar cómo y por qué lo habían matado al final.

Al igual que en la novela, nunca nos quedará del todo claro si realmente es una muerte merecida o no, si toda la culpa fue de Juan Antonio Orenga, si a todos los jugadores les dio la pájara el mismo y fatídico día o si sencillamente es que Francia estaba muy preparada para eliminar a una España que no responde bien al juego físico y cerrado que planteó el equipo comandado por Vincent Collet.

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Ahora Juan Antonio Orenga ha dejado el puesto de seleccionador, según él para "facilitar la planificación del futuro a corto y medio plazo". Ahora pasará a un nuevo puesto en el organigrama técnico aun por decidir. Esto ya quedó establecido en su momento cuando dijo que aún dimitiendo el era un hombre de la federación y que seguiría vinculado a ella.