En budismo existen dos términos relativos a la estadística. Son: la impermanencia sutil y la impermanencia burda. La primera hace referencia a los cambios casi imperceptibles que ocurren en el transcurso del tiempo y la segunda hace referencia a los cambios bruscos que determinan lo que en #Fútbol se llama final de ciclo. En la clasificación de cualquier liga los puntos son determinantes; por ende las victorias, que son su causa directa. Por extensión, en los partidos los goles a favor y en contra determinan el resultado de un partido, es decir, su estadística. De este modo, un gol a favor o en contra expresa un dato estadístico a favor o en contra, lo que podríamos asociar con una impermanencia burda que decanta las expectativas de uno u otro equipo estableciéndolas como favorables o desfavorables de cara al resultado final. Y, sin embargo, son los minutos de juego en los que no hay goles, en los que se desarrolla lo que determina la estadística final del partido. Lo hace en términos de posesión de la pelota, oportunidades de gol, etc. En su conjunto, todos estos factores determinan la opinión de los seguidores de uno u otro equipo, a través de los medios y, en consecuencia sus sensaciones. Dependiendo del medio de comunicación y la presentación de la información ganarán peso específico los factores estadísticos, que hacen referencia a los cambios sutiles, o los factores emocionales que generan frases del estilo `Ni antes éramos tan buenos ni ahora somos tan malos´. En la sutileza del cambio, radica el éxito del devenir de un encuentro, aceptando las circunstancias del juego, cada equipo puede hacer buen uso de la información que percibe a través de lo que algunos denominan visión del juego. Aquellos equipos que son reactivos emocionalmente a los cambios burdos, tienden a perder esa visión y su consecuencia es la desconcentración, lo que a menudo se traduce en pérdidas de balón o errores propios no forzados. Dicho esto, ganar o perder un partido no deja de ser un dato estadístico burdo que influirá en la acumulación de puntos y, por lo tanto, en la clasificación de cada equipo. Queda a la reflexión de cada uno si vale la pena hiper-ventilarse ante un gol marcado o encajado, o ante la pérdida de un partido o su victoria.