El madridismo necesitaba goles. Los jugadores, también. Y anoche era la ocasión perfecta para conseguirlos y recuperar las buenas sensaciones perdidas. El Basilea demostró que jugó siguiendo su estilo habitual, y no adaptándose al juego del Madrid como hacen muchos de sus rivales, que terminan encerrándose atrás y entorpeciendo con faltas las jugadas blancas. Durante los primeros minutos de partido, los suizos llegaron bastante al área y plantaron cara a los locales. Sin embargo, a partir del primer gol, el Basilea se desordenó y comenzó la fiesta madridista.

La jugada del primer tanto llegó de las botas del canterano Nacho.

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El de Alcalá jugó en el lateral derecho, sustituyendo al lesionado Carvajal y relegando a Arbeloa al banquillo. Demostró que aprovecha muy bien los pocos minutos que juega cada temporada, aportando mucho tanto en defensa como en ataque. Nacho remató a puerta, el balón rebotó en el central Suchy y entró en la portería suiza. El segundo gol fue obra de la pareja Modric-Bale. El croata regaló al galés un pase medido, y éste lo aprovechó rematando de volea con autopase incluido. Sin duda, marca de la casa.

Cristiano Ronaldo quería participar en este sinfín de goles. Tras un contragolpe típico de los de Chamartín, esta vez fue Bale quien regaló el tanto a su amigo Cristiano, quien corrió a celebrarlo con su compañero. El cuarto llegó pocos segundos después. Benzema erró un disparo que rechazó el portero, pero James Rodríguez, emulando al mítico Raúl González, aprovechó el rechace para poner el marcador en 4-0.

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Aún faltaba un gol antes de llegar al descanso. Un notable despiste defensivo de los blancos sirvió al Basilea para crear un contragolpe que Derlis culminó con un muy buen disparo rozando el segundo palo.

En el segundo tiempo, los blancos demostraron que aún no están en plenas condiciones físicas. De nuevo, bajaron las revoluciones y mostraron peor juego y peor intensidad. Pese a ello, llegó el quinto gol de las botas de Benzema, que necesitaba reconciliarse con el gol. Precisamente el francés fue uno de los protagonistas del encuentro. El motivo no es otro que la sonora pitada que recibió en bastantes momentos del partido. Otro de los cuestionados fue el capitán, Iker Casillas. No obstante, un gran sector del Bernabéu aplaudía sonoramente al portero para acallar los silbidos de los 'anti-Casillas'. Cerca del final del partido, el de Móstoles protagonizó una parada típica en él, tras un uno contra uno con el delantero, que generó un aplauso generalizado en el estadio.

¿Será este resultado suficiente para reconciliar al Bernabéu con sus jugadores? En las próximas semanas se resolverá la incógnita.

#Real Madrid #Fútbol #Champions League