El pasado jueves se disputó en la ciudad suiza de Zúrich la prueba de 3.000 metros obstáculos del mundial de atletismo. El campeón (en la práctica ) de la prueba fue el francés Mahiedine Mekhissi-Benabbad. El atleta galo venció a sus rivales con total superioridad. Tanto es así que, a falta de 200 metros para la línea de meta, no pudo contener la emoción por revalidar su medalla de oro conseguida en el último europeo. El atleta estalló de júbilo y, cual poseído, se quitó la camiseta e hizo gestos y aspavientos despectivos e irrespetuosos con sus rivales, con la afición y con los jueces de la prueba.

El principal problema de su actuación fue que junto con la camiseta se despojó del dorsal y, sin él, no se puede cruzar la meta ya que no se reconoce al atelta.

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Al cometer la infracción, los jueces de la prueba podían tomar dos decisiones: por un lado, amonestar al participante con cartulina amarilla; y por otro lado, descalificarlo y arrebatarle el título en caso de conseguirlo.

En un primer momento, el jurado se decantó por la primera opción. Pero la decisión del comité arbitral no iba a acabar ahí. Tras conocer la sanción, la Federación Española entró en juego ya que si el campeón de la prueba era eliminado, uno de los españoles, Ángel Mullera, que había sido el cuarto clasificado pasaría a ocupar el tercer puesto. La reclamación de los españoles acabó siendo efectiva y el campeón de la prueba era descalificado. Consecuentemente, Mullera pasaba a ocupar el tercer puesto y el bronce viajaba a nuestro país.

Tras la decisión de los jueces, se vivió en el podio una situación un tanto tensa.

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El nuevo campeón (Kowal), que habría quedado subcampeón de la prueba, también era francés. Tras sonar la Marsellesa, Kowal bajó hasta el segundo peldaño en señal de protesta por la sanción impuesta a su compañero. Pero el gesto más feo de la jornada se produjo cuando el nuevo ganador se negó a hacerse la foto con el español arriba del podio y sólo se la hizo con el subcampeón, el polaco Krystjan Zwelsky. Ante este gesto, la grada del estadio de Zúrich reacciono con pitos y abucheos. Posteriormente, en rueda de prensa, el español acusó al campeón de haber hecho un gesto antideportivo, y éste se arrepintió de su actuación.

En las horas posteriores a la carrera, muchas personalidades del mundo del deporte así como varios medios de comunicación han opinado sobre lo sucedido. Muchas personas se han posicionado a favor de los franceses ya que consideran que las carreras se ganan en el tartán y no en los despachos. En cambio, hay gente que valora positivamente la reclamación de la Federación Española de Atletismo, pues consideran que en el atletismo no sólo se gana corriendo sino que hay que cumplir con todo el reglamento.