Albert Ebossé Boojongo era jugador de #Fútbol. Jugaba en la posición de delantero y era el máximo goleador de la liga de Argelia.

El pasado 23 de agosto, mientras jugaba el partido que enfrentaba JS Kabylie y USM Algerste, alguien lanzó una piedra, se dicen que los propios seguidores de su equipo, desde la grada (y eso que Ebossé Boojongo ya había marcado un gol de penalti), causándole la muerte.

El jugador del Kabylie, que esa misma mañana previa al partido había sido padre, murió de camino al hospital por el severo traumatismo craneoencefálico que había sufrido tras ser golpeado deliberadamente.

¿Merece la pena ser jugador de fútbol para acabar así? Como si las patadas, pisotones, mordiscos, golpes bajos, golpes altos y demás no fueran suficientes, el lanzamiento de objetos desde la grada se cobró el pasado sábado una vida, la de Ebossé, a los veintiséis años de edad.

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Albert E. Boojongo había empezado su carrera futbolista en el Coton Sport FC y la continuó en Unisport Bafang, Douala Athletic Club y el Perak FA. En julio de 2013, Bodjongo firmó para su actual equipo JS Kabylie donde consiguió en 2014, con sus 17 goles marcados, ser el máximo goleador del Campeonato de Argelia.

Su corta carrera profesional dejan tras de si un prometedor jugador que vio truncados todos sus sueños, todas sus ilusiones, todos sus deseos, al perecer tras ser golpeado con una piedra en el campo de su equipo.

JS Kabylie, el equipo donde jugaba, ha divulgado un comunicado diciendo: "El Ministerio del Interior y de Administración Local, a través de ministro Tayeb Belaiz, ha dado la instrucción para abrir una investigación sobre las circunstancias de la muerte de Albert Ebossé".

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Lo que está claro es que Ebossé ya no está con nosotros y todo por culpa de un seguidor, que como otros muchos, se olvidan que el fútbol es sólo un juego y nada más.

Todos recordamos algunos de los peores objetos que se han podido lanzar al campo durante varios años: un conejo muerto tintado de naranja por parte de los seguidores chipriotas del Omonia Nicosia para insultar a sus contrincantes los Apoel Nicosia; penes de plástico lanzados en el estadio La Bombonera del Boca Juniors; la cabeza de cerdo lanzada cuando Figo vistió el Camp Nou en el derbi entre Real Madrid y el FC Barcelona tras haber sido jugador del equipo azul-grana; una granada de mano lanzada en un campo de fútbol en Irán (uno de los jugadores salvó la vida milagrosamente ya que esta explotó a tan sólo unos metros de distancia de él); las miles de pelotas de tenis que tiraron los seguidores del Basilea en un encuentro contra el Luzern de Suiza por ser reprogramado un partido por la federación; una botella de whisky fue lanzada al portero del Sevilla ante el Atlético de Madrid; infinidad de mecheros y monedas lanzados años anteriores en los campos españoles sin olvidar el plátano que le fue lanzado a Dani Alves y que este recogió del suelo para pelarlo y comerlo la temporada pasada, convirtiéndose esa imagen, en un símbolo contra el racismo que dio la vuelta al mundo.

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Y es que en cuestiones de saber perder, de saber ganar o de saber estarse quietos, está claro que muchos seguidores olvidan que los que están en el campo, pese ha hacer con sus jugadas verdaderas obras de arte, pese a conseguir títulos que hacen que uno se ilusiones mas por el deporte rey, no dejan de ser personas, de carne y hueso, como tu y como yo.

Ebossé jugó su último partido el pasado 23 de agosto. No por decisión propia, sino por culpa de un seguidor que no supo diferenciar entre la fortaleza de una estrella con la debilidad de un ser humano. ¡Descansa en paz Albert E. Boojongo!