Año 2014. Brasil anfitriona del mundial 2014 de futbol. Su selección, con un juego espléndido, llega a semifinales. Pese a la los integrantes de la canarinha, habían sufrido varios reveses durante el mundial (la muerte del sobrino de Scolari, la lesión de Neymar, el fallecimiento del abuelo de Marcelo) se habían entregado deseando poder alzarse con la victoria final, en su propio país. Pero no fue así. Tras los golpes y el buen juego del grupo Germano en la primera semifinal, un bochornoso 1-7 dejaba a los jugadores de Brasil, humillados y más que dolidos por ese penúltimo encuentro que dejaba a sus seguidores, con muy mal sabor de boca.

¡No acabó todo aquí! Varias ciudades brasileñas sufrieron actos de vandalismo, con asaltos, peleas e incendio de autobuses, tras la derrota.

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Desde Belo Horizonte en el barrio de Savassi (con mucha afluencia de turistas y más de 25.000 disfrutando en las calles y plazas, las contiendas callejeras que se sucedieron, terminaron con doce detenidos) hasta Sao Paulo en Vila Madalena (donde se quemó una bandera brasileña tras la denigrante derrota) pasando por Salvador en el turístico Farol da Barra (una reunión de 50.000 espectadores, tuvo que ser suspendida por intento de asalto colectivo), girando por la playa de Copacabana (tres personas fueron arrestadas por causar una confusión que asustó a gran parte de las personas que salieron corriendo sin saber lo que pasaba y pensando que se trataba de un asalto colectivo), volteando en Recife, capital de Pernambuco (la Policía Montada tuvo que interrumpir la FanFest y usar gases lacrimógenos para dispersar una pelea entre aficionados.

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Se comenta que algunas personas resultaron pisoteadas por los caballos) y sin olvidar el paso por Curitiba (donde quince autobuses fueron castigados con piedras y otro atacado y quemado en el barrio Sitio Cercado) Brasil veía su pesadilla de gasto excesivo en un mundial que no podían permitirse por la situación de pobreza que asola el país, elevada a la enésima potencia del horror en una especie de guerra entre una pasión mal sana hacia el futbol y el desencanto por la capitulación de su equipo mostrando así, la peor cara que puede llegar a ofrecer el ser humano.

¿De qué sirve pedir respeto y buen juego si los seguidores luego muestran esa nefasta agresividad para contra, no sólo mobiliario urbano y vehículos, sino contra las propias personas sólo por la pérdida de un encuentro? Sinceramente, y pese a que me duele decirlo, deseaba quedarme con la derrota de la Roja, mi selección, en la primera fase como recuerdo amargo del Mundial de fútbol de 2014 de Brasil. Pero después de lo sucedido ayer en la sede del mundial, está claro que hay personas que lo de animal racional, no lo tiene muy asumido y sacan su instinto más destructivo y salvaje, para demostrar que la cosa del raciocino JAMÁS irá con ellos.

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Si ser seguidor de una selección es esto, prefiero convertirme en otro ANIMAL con un poquito más de cabeza que esta pandilla de energúmenos, que no son por descontado todos los seguidores de la canarhina, que no sólo destacaron por encima de la derrota de su selección sino que con sus actos, enseñaron al mundo que cuando la cosa va de pelotas, no tienen lo que hay que tener, para asumir una derrota. ¡Lástima! #Mundial de Brasil