Ayer se disputó en Brasilia el partido que ninguna selección desearía jugar nunca. La final de consolación, en la que se decidió qué equipo ostentaría la tercera plaza en este Mundial, sólo consoló a los oranje. Quizá por culpa del dolorosísimo 1-7 ante Alemania, quizá como consecuencia del mal juego que la canarinha lleva practicando todo el campeonato, o quizá porque el karma le tenía guardado al anfitrión una cura de humildad necesaria para afrontar el proceso de renovación que se le viene encima en los próximos meses. Sea por lo que fuere, Brasil no fue más que una sombra de sí misma ante Holanda.

Apenas disputados 120 segundos de encuentro, Van Persie y Robben le ganaron la partida a Thiago Silva.

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El ex jugador del Real Madrid esprintó y al central del PSG no le quedó otro remedio que agarrarle para evitar que llegara a portería. Robben, con la carga dramática que le caracteriza, se lanzó al área pese a que el contacto tuvo lugar fuera de ella. El árbitro señaló penalti y mostró cartulina amarilla al defensor. Ambas decisiones fueron erróneas: la falta fue fuera del área y Silva debió ver la tarjeta roja porque Robben era el último jugador ante la portería y estaba disfrutando de una ocasión manifiesta de gol. La pena máxima la aprovechó Van Persie para adelantar a su equipo.

Brasil temió que un gol tan tempranero pudiera generar una respuesta holandesa similar a la apisonadora alemana que les apabulló en semifinales. Ese miedo que demostraban los futbolistas brasileños quedó patente en la jugada del segundo gol.

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David Luiz rifó un balón que llegó a Blind, lo que supuso el segundo gol de los que hasta hoy ostentan el título de subcampeones del mundo. Con 2-0 en contra en el minuto 15, Brasil resucitó los fantasmas del pasado. Pero Holanda tampoco está en su mejor momento de forma ni de ánimo. La dura derrota ante Argentina en los penaltis ha dejado huella en un equipo que también está herido. Por eso, durante la mayor parte de lo que restaba de encuentro, ninguna de las dos selecciones mostraron un gran #Fútbol. En la escuadra brasileña, sólo Oscar era capaz de generar peligro ante la portería de Cillessen. Peligro que, por otra parte, no llegó a materializarse en forma de gol. Al borde del pitido final, Wijnaldum hizo el 3-0 definitivo.

#Mundial de Brasil