El pasado 13 de julio, la selección alemana alzó al cielo de Maracaná la ansiada Copa del Mundo. Finalmente, ganó una de las más claras favoritas al título, que desde la fase de grupos demostró su poderío físico y un estilo que recordaba al de aquella selección española que fue campeona en Johannesburgo en 2010. Con la consecución del campeonato, Alemania dejó a un lado una racha de continuos desengaños: se vio derrotada en la final de la Eurocopa de 2008 ante España, en la semifinal del #Mundial de Brasil, de nuevo ante España, y en la semifinal de la Eurocopa de 2012, ante Italia. Los de Löw no iban a permitir que en Brasil, la patria del #Fútbol por antonomasia, se repitieran estos resultados.

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La otra finalista, Argentina, no llegó al partido de Maracaná con las mismas sensaciones que su rival. Varios partidos ganados en los últimos minutos, ventajas de apenas un gol, tandas de penaltis... La sensación no era de dominio de la albiceleste, sino de que pequeños destellos de clase de sus estrellas les estaban salvando de la quema. Sin embargo, en la final plantearon un fútbol mucho mejor que el del resto de partidos. Al menos, se dejaron la piel en el campo. Lamentablemente, no les sirvió para que la favorita, esa selección que había humillado a Brasil en su casa, les arrebatara el título que tantos años llevaban esperando.

Al margen de las selecciones finalistas, cabe recordar a aquellos grupos que, para bien o para mal, han sorprendido a la afición durante este campeonato.

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En primer lugar, nadie podrá olvidar a la humilde selección de Costa Rica, que abandonaron Brasil tras caer en cuartos de final ante los Países Bajos. Los de Van Gaal no consiguieron hacer un solo gol a los costarricenses, que perdieron duramente en la tanda de penaltis. La suerte no estuvo de su lado, pero las críticas que han llovido al combinado centroamericano son solo positivas. Otras sorpresas, negativas en este caso, fueron las selecciones de España, Inglaterra, Italia y Portugal, que pese a ser consideradas como favoritas, cayeron en la fase de grupos demostrando que, en el fútbol no gana el que más nombre tiene sino el que mejor juega.

Sin lugar a dudas, este Mundial no ha dejado indiferente a nadie. Algunos opinan que no ha habido la suficiente emoción, que tantas prórrogas y tandas de penaltis demuestran que las selecciones no buscaban ganar, sino no perder. Otros, por su parte, se han fascinado por las soberbias participaciones de selecciones más modestas como Costa Rica o Colombia, así como por resultados tan inolvidables como el 1-7 que recibió Brasil en Belo Horizonte, ante la que días después se alzaría como campeona del mundo. Sea como fuere, está claro que los amantes del fútbol vamos a echar mucho de menos la competición. En fin, solo queda esperar a 2018. Comienza la cuenta atrás.