Tras el retorno de Jose #Mourinho a la banca de Stamford Bridge a inicios de la campaña pasada, todo hacía indicar que el Chelsea volvería a tocar la gloria europea que en su anterior estancia no había podido conseguir, y a llevarse nuevamente una Premier League que, esta vez, se mostró esquiva y dubitativa, no solo con el cuadro londinense, sino con el puñado de equipos que, en un momento u otro de la temporada 2013-2014, asentaron sus posaderas en lo alto de la tabla. Todo se decidió al final, un final en el que el Chelsea tuvo siempre algo que decir, tanto en Premier como en Champions, aunque no fuera lo suficientemente alto como para que los equipos que estaban con él en liza le hicieran demasiado caso.

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Es un equipo curioso el Chelsea. Campeón de Europa en 2012 tras asaltar el Camp Nou y el Alianz Arena entre otros, su propietario decidió destituir a su técnico, el italiano Roberto Di Mateo, prácticamente tras acabar el partido aunque la decisión de facto, se produjera unos meses más tarde. El sueño de Roman Abramovich quizá hubiera sido alzarla bajo el mando de un almirante de mejor porte y maneras y claro, en lo sueños de uno, es decisión del durmiente elegir el cómo, el cuándo y el con quien ya que, el porqué, puede no tener demasiado sentido sobre todo, si el que lo sueña es el dueño de la chequera. La llegada de Rafael Benitez tampoco sirvió para mejorar en exceso las cosas pese a su excelente trabajo realizado en unas condiciones "ambientales" realmente adversas.

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A la vista del recibimiento que tuvo el día de su rentrée tras unos discretos años en el Santiago Bernabeu, la llegada de Jose Mourinho hizo que el sueño de Abramovich y el aficionado blue se hiciera carne: el primer traspiés, tras caer a manos del Bayern de Munich de Pep Guardiola en la final de la Supercopa de Europa, no hicieron mella en una afición rendida al carisma de su nuevo técnico que, pese a un discreto tercer puesto en Premier League y la dolorosa eliminación en Champions League a manos del actual campeón de La Liga española, el Atlético de Madrid del argentino Cholo Simeone, parece que sigue intacta. Dicen sus biógrafos que los equipos del portugués comienzan a ir en serio a partir de su segunda temporada en el banquillo local. Y esa temporada está a punto de comenzar.

Y como el camino va a ser largo el acopio de viandas ha de ser proporcional a lo exigente del trayecto. Esta Premier League que se presenta parece que va a ser la más competida de las últimas temporadas a tenor de los esfuerzos del Manchester United por remodelar su plantilla (un equipo que no va a jugar competición europea…), la irrupción en escena, esperemos que pará quedarse, del Liverpool de Brendan Rodgers, un Arsenal que siempre está aunque muchas veces no lo parezca, el Tottenham, el Everton…y, lógicamente el City campeón, quizá ya no la mejor plantilla pero si el mejor equipo: nótese el matiz.

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Cesc Fábregas, Mario Pasalic (talentoso jugador croata de diecinueve años, cedido al Elche), el retorno del hijo pródigo Didier Drogba y el "saqueo" realizado al Atlético de Madrid con la incorporación de Diego Costa, Filipe Luis y del portero Thibaut Courtois que retorna al Chelsea tras su cesión. El trío pudo ser poker pero unos problemas con su licencia impidieron a Thiago fichar por el equipo londinense, lo que propició su retorno al equipo de la rivera del Manzanares, uno de los equipos que mejor futbol hicieron la campaña pasada, lo que propicia el interés, quizá desmesurado, de los de Mourinho por alguno de sus mejores futbolistas. Se comenta que si uno no puede con su enemigo, o se une a él o lo torpedea a base de cantos y millones a sus estrellas. Y ya se sabe como son las divas. Estos son los nuevos actores del circo volante de José Mourinho que, unido a las que ya tenía, hacen del Chelsea un equipo con licencia para ganarlo todo. Próxima estación: ¿Europa? #Fútbol