Cuando se juega un mundial de fútbol se ponen en juego y se cruzan varias miradas. La mirada, la opinión de los expertos, de los técnicos, de los aficionados y sobre todo la mirada de la prensa internacional. La mirada mediática, la que observa, elabora, juzga y reproduce lo que ha visto a miles de millones de oyentes y tele espectadores del mundo entero.

El título de este artículo está inspirado en el famoso libro de Joseph Conrad, y es todo un tema que sin lugar a dudas excede a este espacio de opinión. Quiero decir que bajo la mirada de occidente no solo se transmite un mundial de fútbol sino que también se esconde toda una manera de ver, pensar y sentir la vida, una verdadera ideología que desde el poder la más de las veces se impone como hegemónica sobre otras culturas, sobre otras miradas, formas y maneras diferentes de vivir y de entender la vida.

Anuncios
Anuncios

Dicho esto hablemos de fútbol, de cómo ven y transmiten el mundial de fútbol los medios europeos. Aunque algo parecido sucedió en el anterior mundial disputado en Sudáfrica los medios españoles transmiten siempre una preocupación por problemas de inseguridad. No es que los cronistas y enviados especiales tengan miedo que les roben en sus hoteles, la mayoría se hospeda en hoteles que superan las tres estrellas, sino más bien se trata de reflejar ante la opinión pública que están en un país de "ésos del tercer mundo" donde en cualquier momento cualquier cosa puede suceder.

Y no se trata de esperar que cualquier cosa suceda, una suerte de "realismo mágico" como en Macondo donde era habitual que llovieran sapos, sino más bien de esperar que siempre suceda algo malo, es decir apostar a lo peor.

Anuncios

Me explico mejor: los reporteros españoles, tanto los de la Cadena Ser (el larguero) como de RTV hablan de Brasil como si ellos hubieran sido los primeros en visitar el país, descubrir que allí hay asaltos, crímenes y favelas, es decir una extrema pobreza que sobrevive a la sombra de grandes riquezas financieras y naturales.

Los reporteros españoles hablan con temor, alertando a sus escuchas a no pasearse a ciertas horas por Copacabana o a no dormirse una siesta en la bonita Ipanema. Subestimación de una mirada sobre otra, la de occidente que declaró a Brasil como un país del tercer mundo (aunque su crecimiento junto a otros países es actualmente imparable). La mirada occidental suele ser prejuiciosa y hasta mal intencionada: "No compraría un piso en Copacabana", "además de favelas y manguis has visto algo más desde que llegaste a Brasil". Solo cito dos comentarios que escuché personalmente por radio para ilustrar esta nota. También los periodistas se han cansado de burlarse de los nombres de los jugadores de Costa Rica, de los peinados, de lo que valdrán en Europa los sudamericanos después del mundial, como si en vez de personas se tratara de mercancías ( esclavos) que los europeos con su dinero "todo pueden comprar".

Anuncios

Lo que lamentablemente - todo hay que decirlo- no deja de ser cierto.

En rigor de verdad muy pocos periodistas europeos están sabiendo relatar profesionalmente los aconteceres del mundial. Sobre todo en España, tal vez porque ya desde antes se ha puesto de moda un modo zafio y vulgar, lleno de gritos, chistes fáciles y tontos, de relatar los partidos, o de no relatar los partidos; es decir de hablar de cualquier cosa sin parar y vender publicidad. Es una pena que esto se extienda a un mundial de fútbol, donde además del espectáculo, se podrían resaltar las enormes virtudes y bellezas de un país tan rico en cultura y naturaleza como Brasil.

Como advertí al principio el título de esta nota da para mucho más. Hasta aquí solo una breve introducción al tema. Prometo una segunda y hasta una tercera parte en próximas notas. Seguramente cuando acabe el Mundial. #Mundial de Brasil