Llevo varios días, desde que empezó el mundial, leyendo infinidad de afirmaciones que se han ido cayendo poco a poco, como que España iba a ganar la segunda copa del mundo, o que Chile llegaría a cuartos, o que Costa Rica iba a dar la campanada, o que éste iba a ser el mundial de Cristiano Ronaldo, etc...

Otra de las cosas que he escuchado, y que todavía sigue resonando por todas partes, es que Argentina va a ganar el mundial de Brasil, en Maracaná, para pisar a la selección brasileña y dejar clara su supremacía futbolística. Es curioso, pero en todas esas afirmaciones anteriores, siempre habían algunas voces que opinaban de forma distinta.

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Sin embargo, sobre la victoria final de la albiceleste no han habido voces contrarias.

Hasta hace unos minutos. Y me ha sorprendido gratamente, tengo que reconocerlo. Porque los argentinos, y no lo digo yo, siempre han sido identificados por su endiosamiento, por creerse los mejores en todo lo que se haga o diga en este mundo. Es el típico tópico relacionado a esta nación y sus habitantes. No es nada nuevo que me esté sacando de la manga. Pero hoy he visto el comentario de alguien, de un argentino o argentina, desconozco la autoridad de las frases leídas, que me ha llegado después de que una amiga lo compartiera. Argentina también. Y en ese comentario decía, literalmente: "A vos te digo que me entendés porque hablamos el mismo idioma, el domingo ganemos o perdamos, no estamos jugando solo al #Fútbol estamos dejando todo en la cancha".

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Y me ha sorprendido porque creo que es la primera vez que veo que un argentino no asegura fehacientemente que son los mejores con diferencia. Y asume que puede caber la posibilidad de que pierdan esta final que se juega en unas horas. Y yo, que ni me va ni me viene el resultado de este partido, me alegraré si gana Alemania y también lo haré si es Argentina la que se lleva la estatuilla dorada. Pero, gracias a este pequeño comentario de un argentino, creo que la balanza se ha inclinado un poquito hacia el lado del continente americano. Porque me ha alegrado ver que no es cierto eso de que todos los argentinos son así, más chauvinistas que los franceses, más papistas que el Papa (a pesar de que el Papa Francisco sea muy argentino), los mejores en todo, y que también comprenden que pueden ser peor que otros.

Sea como sea, que el partido de mañana se juegue dentro de los límites de la deportividad, utilizando lo mínimo posible la violencia, y que, como se suele decir en estas ocasiones, que gane el mejor. Aunque preferiría decir: que gane el que haga un juego más bonito y espectacular, que para eso el fútbol es más espectáculo que deporte. Y puede que el que juegue así no sea el mejor, pero se lo merecerá más. ¡Suerte a los dos!