La semifinal entre Holanda y Argentina fue como se esperaba: un partido táctico, lento y sin brillo. Ninguna de las dos selecciones estaba dispuesta a arriesgarse y cometer un error que supusiera su eliminación. A sabiendas de que los dos jugadores más determinantes de cada equipo son Messi y Robben, respectivamente, las defensas rivales dedicaron todos sus esfuerzos en anular el potencial de ambos futbolistas. Los de Sabella fueron, quizá, los que más intentaron llegar a la meta de Cillessen. Lavezzi intentó generar peligro por su banda, pero la zaga oranje se encargó de que las llegadas argentinas no fueran fructíferas.

El segundo tiempo comenzó con un atisbo de mejoría en ambos equipos.

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Van Gaal cambió a su lateral izquierdo, Martins Indi, dado que era su banda la que más veces pisaban los argentinos. Ya con Janmaat en el campo, la selección neerlandesa consiguió aumentar su porcentaje de posesión de balón. Sabella, por su parte, decidió introducir en el terreno de juego al Kun Agüero y a Palacio en el segundo tiempo, en vista de que Messi estaba completamente rodeado y presionado por los defensores holandeses. De hecho, el jugador que más destacó durante los 120 minutos de juego fue Mascherano,que jugó en su posición natural y estuvo presente en todos los momentos decisivos del juego holandés. En el minuto 90, el mediocentro del FC Barcelona atajó la jugada de mayor peligro de todo el encuentro, que, cómo no, salió de las botas de Arjen Robben.

En la tanda de penaltis, Van Gaal no pudo repetir el llamado 'efecto Krul' (en relación al cambio de porteros que realizó el cuerpo técnico holandés en el último minuto de la prórroga del partido de cuartos de final).

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El héroe de la noche fue el meta argentino Romero, que fue muy cuestionado durante todo el campeonato. De hecho, la prensa argentina criticó mucho a Sabella por dejar en casa a Willy Caballero en favor del portero suplente del Mónaco. Romero detuvo dos penaltis lanzados por Holanda, los de Vlaar y Sneijder, repitiendo la gesta del cancerbero Goycochea en la semifinal de 1990. Sus compañeros anotaron todos los penaltis y dejaron a Holanda a las puertas de la gloria.



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