Cuatro años después, dos de los protagonistas de aquel partido histórico del 11 de julio de 2010 se volvían a ver las caras. Robben y Casillas, Casillas y Robben. Venganza, dicen unos. Karma, dicen otros. Lo que está claro es que, ayer, el holandés se cobró con intereses ese mano a mano con el portero mostoleño que arrebató a su selección el título mundial disputado en Sudáfrica.

Los cinco goles que anotaron los Orange (Van Persie x2, Robben x2 y De Vrij) demuestran la pésima actuación de los de Del Bosque, pese a que fueron los primeros en abrir el marcador gracias a un gol de penalti (muy cuestionado) anotado por Alonso.

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Minutos antes del descanso, Van Persie abrió la lata holandesa, lo que supuso el inicio de la debacle roja. A partir de ahí, España se convirtió en una vaga sombra de lo que fue hace tan solo cuatro años.

Como era de esperar, las críticas no han tardado en inundar las redes sociales. ¿Los principales agraviados? La pareja de centrales, Ramos y Piqué, y, sobre todo, Iker Casillas. Éste último ha reconocido su parte de culpa en la humillación que sufrió la Selección ante los actuales subcampeones del mundo, declarando que el de ayer fue "el peor partido de su historia" con el conjunto español.

Ahora solo queda esperar que el combinado que nos regaló una terna de títulos nunca imaginada por los españoles (Eurocopa, Mundial y Eurocopa) consiga enmendar el error de anoche. Porque si existe una selección capaz de sorprender a propios y extraños, ésa es la Roja.

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Y todavía quedan muchos partidos para demostrarlo. 

#Mundial de Brasil