Se oyó un silbido en el terreno de juego y todo un país enmudeció. ¡Se acabó el sueño! Mientras con la mirada inexpresiva buscaban una explicación sensata a lo que había ocurrido.

El silencio era ensordecedoramente mudo. No se oía ni el aleteo de una mosca. Hasta ellas, tenía sangre roja.

Siete goles en dos partidos partiendo como favorita, había sido un duro golpe. Las excusas durante la primera retrasmisión fueron "ilusas", raramente esperanzadoras. La realidad pues golpeó fuerte cuando el juego, seguía siendo lento, agotadoramente torpe, ligeramente conocido por los rivales que se cruzaban a nuestro paso (estaba claro, que alguien, en algún lugar concreto, había hecho los deberes.

Anuncios
Anuncios

¡Nosotros no! ¡Éramos los favoritos! ¡Éramos la Roja!

De nada sirve ahora culpar a un calendario, a los jugadores, a su forma física. Hay que aceptar la derrota, algo que raramente había sido tan humillante como hasta ahora (una cura de humildad no viene nada mal. ¡Eso ha quedado claro!).

Holanda fue la que insertó firmemente la espada en los corazones que, previos al mundial, habíamos recortados todos de nuestra camiseta roja. Chile la hincó sólidamente hasta el fondo sin miedo alguno. Un corazón de corazones muerto en apenas ciento ochenta minutos (jamás había visto una muerte tan lentamente rápida).

Cuarenta y seis millones de corazones muertos. Cuarenta y seis millones de corazones sangrando por los cuatro costados. Cuarenta y seis millones de corazones parados a la misma vez.

Anuncios

Cuarenta y seis millones de corazones,… sin latido.

Se acabó un sueño, el espectáculo que nos haría olvidarnos por un momento, de los momentos amargos proporcionados ampliamente por una crisis inquietantemente eterna.

Rusia queda lejos, demasiado lejos para ser consuelo.

Mientras tanto, el silencio sigue, musitando a solas por la descomunal noche que tampoco quiere oírlo. ¡También la noche está de luto!

Mañana, muchos leerán estas letras y dirán que no fue para tanto, que sólo eran partidos, que no se pude vivir con la ilusión enmarcada en unos seleccionados jugadores. ¡Quizás no! ¡Quizás si! ¡Quizás quien sabe! Tengo que decir que sé muy bien que hay cosas más importantes de un encuentros, o que dos, o que tres, que tengo muy presente que una estrella bordada junto al escudo, sólo es eso, una estrella cosida. ¡Soy muy consiente de que hay males mayores! Pero había una ilusión, un grito unánime, un deseo ferviente en millones y millones de personas con esperanzas, sueños, desees que se culminaban con ese pequeño fulgor llamado Selección.

Anuncios

¿Es malo tener anhelos? Ya veo que para los corazones rudos y fuertes es difícil de entender pero hay una cosa que no cambia pese a todo la hipocresía del que lea estas palabras y no las entienda: durante ciento ochenta minutos cuarenta y seis millones de personas, como mínimo, teníamos un mismo sueño, nada grande o imposible. Durante ciento ochenta minutos todos fuimos uno. ¿Qué eso lo consiguió el futbol? ¡Pues sÍ! Pero nadie hasta la fecha, ha conseguido un reto así. ¡Eso tenerlo muy claro! Ellos nos ilusionaron a todos, todos los que brindamos nuestro corazón por un mismo anhelo: ver de nuevo a nuestra selección como ganadora. ¡no es nada malo soñar con los ojos abiertos! #Mundial de Brasil