Jamás pudiera uno imaginar que se llegara a armar tanto revuelo por un mundial de futbol, al punto de inventar cacerías y asesinatos de niños de la calle, para embellecer las calles de Brasil ante las oleadas de turistas deportivos, difundidas tan “alegremente” en todas las redes sociales, donde tan comunes son los montajes más macabros.

Reflexionando al respecto del anterior, Sudáfrica: no parece que estuviera, ni en su momento ni ahora, en una situación mucho mejor que Brasil y sin embargo, no hubo tanto alboroto como al que estamos asistiendo con este mundial brasileño diariamente; y me pregunto ¿por qué se presentó Brasil a la candidatura del mundial? , ¿acaso alguien los coaccionó para hacerlo? 

Muchos a los que no nos gusta el fútbol no solo estaremos hartos cuando comience sino que ya lo estamos desde antes. Empatizo, obviamente, con todos los problemas de Brasil, contrapuestos al gasto y celebración del mundial, como con todos los problemas de los que adolece éste mundo injusto en que vivimos, no solo Brasil, pero parecen excesivas las muestras de rechazo, por numerosos grupos, como nunca hasta hoy, al evento internacional. Cuando Brasil ha participado en los mundiales que otros han organizado en el mundo, no había problema, se vanagloriaban de lo buena que es "la canarinha" con la pelotita, y así todos encantados con su supremacía deportiva (que nadie lo discute ni me importa), ahora que les toca organizarlo, pareciera que el mundo entero estuviera contra ellos e intentara secuestrar la voluntad real (y sus reales) del pueblo. 


De los cinco mundiales que ganó Brasil, uno fué en Chile en el 62 y otro en México en el 70, ¿están o estaban, entonces, mejor que Brasil?, ¿acaso hay menos miseria o menos desigualdad en alguno de ellos?, ¿estaba mejor Brasil en los 50, cuando organizó el anterior ,que lo está ahora?, ya les contesto yo: NO. Brasil tiene un PIB, en la actualidad, bastante superior a los otros dos.


Las reivindicaciones sobre la falta de infraestructuras en un país con unas desigualdades tan extremas resultan legítimas, si, pero también resulta hipócrita y sensacionalista todo lo que estamos viviendo en contra del mundial de fútbol, justamente en el país del fútbol donde su práctica torna “religión”, incluso entre pueblos originarios donde uno de sus pocos contactos con la cultura que los oprime, precisamente, es tal deporte. Otra serán los problemas que tiene el mundo, que son muchos, para estar perdiendo el tiempo con una pelotita, bien cierto, ni hay necesidad de destinar tamañas cantidades de dinero al “circo romano” moderno, aunque, ¿podemos culpar al mundo de la pasión desmedida por este deporte?, ¿quienes somos para desalentar la ilusión de tantos millones de espectadores, ricos y pobres, a la espera del sonido del silbato?.

Por la misma razón que esgrimen los brasileños para no organizar el mundial podrían haber protestado muchos de los organizadores anteriores: los ya mencionados Chile y México, el anterior de Sudáfrica, Uruguay en la primera edición, Argentina en su momento, e incluso otros que se suponen ricos, que ni eran ni parecen serlo, a la vista de los graves problemas por los que atraviesan: tal el caso de España. Ésta última, tras su mundial del 82, quedó sumida en una gran deuda, sumada a las generadas posteriormente por otros eventos, como fueron las olimpiadas del 92 y la expo universal en el mismo año, todo lo cual se sigue pagando todavía.

Hacer pasión del futbol, como es el caso de Brasil, haber ganado 5 mundiales y disfrutado de lo que otros invirtieron mundial tras mundial, resulta incongruente con que llegado el momento, ahora, de organizarlo, se rasguen las vestiduras de arriba abajo. ¿No es acaso hipócrita esa pasión ?, en muchos casos de los mismos que protestan.

Recordemos igualmente, que esos futbolistas que salen de Brasil, que ganaron y ganan ingentes cantidades de dinero en otros países, “ricos” en teoría, generan dividendos no solo hacia el bolsillo personal sino, seguramente también, hacia su propio país, de una u otra forma.

Puestos a restringir cualesquiera gastos, no solo el fútbol debería suprimirse de los gastos generales de la humanidad sino todo aquello que no fuera servicios básicos y prestaciones sociales que mejoren la vida de los ciudadanos (sanidad, educación, vivienda, etc, etc ... ).

No protestemos solamente por esta última inversión sino por todas las pasadas y futuras, que dejen también de pagar las tremendas sumas a jugadores, dejen de vender las carísimas equipaciones con las que se viste medio planeta, inaccesibles entradas a partidos, etc, etc ...

Recordemos que se pueden hacer porterías con tres palos y descampados no faltan donde jugar: la deforestación del planeta es tremenda y los hay por doquier.

Se me ocurre el símil del grupo de amigos, que se reúne semanalmente en casa de cada uno y llegado el momento de ir a la casa del de menos recursos, este se niega por el gasto de luz, agua y otros consumos necesarios para la reunión, pero no tiene problema alguno en disfrutar del gasto de los demás. Si todos los socios protestaran de la misma forma, mejor sería dejar de ir a la casa de ninguno y construir un club social donde confluir todos, de manera que no se gaste nada en la casa de nadie sino en la sede común, donde todos los que quisieran acudir tuvieran que poner para los gastos de mantenimiento de la misma. ¿Por qué no se construyen las instalaciones pertinentes requeridas para el mundial en terreno “neutro” cedido por algún país, donde todos los que quisieran jugar aportaran recursos? … cualquier adinerado compra una isla, haciéndose rey y señor de la misma, ¿no se podría construir la isla del fútbol?, pagada con esas inversiones comunes de todos los socios que quisieran jugar, y así dejara de haber tantos actos de protesta contra el juego, ni ningún tipo de violencia generada al respecto.

¿Qué la política brasileña es injusta y desigual ?, obvio, pero parece excesivo este movimiento anti-fútbol en el país del fútbol, repito. Los ríos de dinero gastados, hasta ahora, en un evento como este, como en otros, recordemos que salen de fondos públicos. Esos mismos fondos públicos salen de los bolsillos de los ciudadanos, a partir de los impuestos: directos e indirectos, que ni llueven del cielo en Brasil ni en ningún otro país, sino con el esfuerzo y sacrificio de toda la sociedad.   #Mundial de Brasil