Estamos inmersos en la competición por excelencia del mundo futbolístico, el Mundial. Nos pegamos al televisor durante más de medio mes, leemos los diarios a menudo y comentamos las excelencias y las miserias de equipos y de jugadores en el trabajo, en casa, con los amigos.

En estos días de la Fase de Grupos han ocurrido muchas historias, lesiones, bajo rendimiento de selecciones, juego duro, pero sobre todas ellas, dos detalles han acaparado las portadas de todos los diarios, en la parte positiva, el rendimiento de Leo Messi que ha encabezado a una selección argentina apática, sin ritmo y que ha asumido el mando para pasar a Octavos de Final con tres victorias de tres.

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En el lado oscuro tenemos el famoso mordisco al más puro Hannibal Lecter de uno de los ídolos de la Selección de Uruguay, Luis Suárez, al rival italiano. Unos segundos, el segundo en el que pasado el tiempo reglamentario, cogió la pelota Messi, encaró a los rivales y hundió las esperanzas de Irán con un golazo desde fuera del área, y un segundo, en el que Luis Suárez incrustó sus caninos en el trapecio del rival italiano, son realmente lo que separa  a un Ángel de un Demonio en cualquier ámbito de nuestra vida. Todo demuestra que un sólo segundo puede cambiar nuestra vida para el futuro, sea cuál sea el ámbito en el que nos movamos.

Estos dos cracks del fútbol mundial han seguido caminos opuestos en el Mundial. Messi va camino de coronarse el más grande en la historia del fútbol, mientras que su homólogo uruguayo va ya camino de casa con su familia, criticado por más de medio mundo por su actitud violenta en un terreno de juego.

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A estos dos fenómenos del balompié, millones de personas los observan día a día, hombres, mujeres y niños, ancianos, y todos de una o de otra manera, los imitan en la vida diaria, por una parte, todos queremos ser hoy Lionel Messi, driblando a cuántos salen a tu paso, y mandando un certero tiro a la escuadra para levantar a todo un país de sus asientos. Pero hoy todos odiamos ese mordisco a conciencia de un jugador a otro, porque no queremos que nuestros hijos hagan lo mismo en un terreno de juego. Nuestros hijos son esponjas que lo absorven todo, y no queremos que nos llamen de la escuela diciéndonos que uno de nuestros retoños a mordido a otro en un ataque de rabia.

Es por esto que personajes públicos como son los deportistas de élite, que están al margen de los demás, por sus sueldos millonarios y en ocasiones por sus excesos, midan sus acciones cuando los ven millones de personas. #Mundial de Brasil