La eliminación de la selección española del Mundial de Brasil abre un periodo para la reflexión. Es el momento de analizar lo que se hizo, bien o mal, y pensar en el futuro. Los dos partidos disputados, ante Holanda y Chile, dejó bien a las claras que el equipo no llegó a Brasil en las mejores condiciones. Físicamente los jugadores llegaron con las reservas bajo mínimos, y eso se notó en las segundas partes. Tampoco fue acertada la elección de la sede del equipo. No es de recibo que el equipo entrene en unas condiciones climáticas más propias del otoño o del invierno, y después jugar con una humedad y un calor infernal. Si lógicamente no llegas en las mejores físicas condiciones, estos cambios tampoco ayudan.

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Algunos jugadores llegaron al Mundial después de largos procesos de inactividad debido a las lesiones, y fueron titulares. Su falta de ritmo influyó de forma muy negativa en el rendimiento del equipo, provocando una inseguridad que provocó que una de las virtudes más importantes de la selección, la fortaleza defensiva, se convirtiera en una coladera.

No se puede consentir que cuando un equipo está preparando e inmerso en un Mundial, los jugadores estén más preocupados de su futuro negociando y distrayéndose de su verdadero objetivo, que no es otro que ganar.

Del seleccionador poco voy a decir. Me parece un tipo íntegro y, por encima de todo, buen entrenador. Lo que pasa es que muchas veces hay "alguien" por encima que no sabe limitarse a su función y quiere jugar a ser seleccionador.

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El único "pero" que le puedo ver a Del Bosque, no es otro que querer contentar a todos, y con algo tan serio como la selección nacional eso es imposible y totalmente incompatible con el verdadero objetivo.

Está claro que el momento del relevo generacional ha llegado. Está claro que estos jugadores merecían otra salida más digna de la selección, pero la realidad es así de dura. No debemos rasgarnos las vestiduras. Seamos generosos y agradezcamos los servicios prestados y comencemos a pensar en el futuro con la incorporación de los jóvenes jugadores que no solo despuntan en sus equipos.

Estamos tristes porque se acabó un ciclo, pero yo estoy entusiasmado porque se inicia otro que se presume, como mínimo, igual de satisfactorio como el que el miércoles se acabó en el mítico Maracaná.