En el año 2013 un artículo científico fue publicado en la revista Nature Communications. El equipo japonés que lo firmaba declaraba haber encontrado pruebas de un crecimiento sorprendente de la cantidad de #Carbono 14 en los anillos de los cedros del país nipón durante los años 993-994 de la era cristiana. El carbono 14 es un isótopo radioactivo que se forma de manera natural en las capas altas de la atmósfera por la acción de los rayos cósmicos. Éstos rayos, compuestos de partículas subatómicas cargadas y de alta energía, al colisionar con los núcleos atómicos de los elementos de la atmósfera, liberan neutrones que a su vez reaccionan con los núcleos de nitrógeno, que luego se acaba degradando en carbono 14.

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Éste acaba siendo absorbido en su mayor parte por los vegetales de la superficie terrestre. El resultado para la #Ciencia es un excelente elemento para la datación precisa de los restos orgánicos.

La detección de éste anomalía en los troncos de los árboles pone de manifiesto que hubo un enorme flujo de rayos cósmicos que colisionaron con la tierra en ése período. Solo queda por averiguar su origen. O bien se trata de rayos provinientes de nuestra galaxia (o más allá) o bien se trata de rayos de origen solar. Si el origen es nuestro Sol, debió producir unas auroras boreales particularmente espectaculares. Tras sumergirse en los registros históricos, el equipo de investigación encontró referencias a curiosos fenómenos en ciertas anotaciones de cronistas del norte de Europa en aquellos años.

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El primero databa del 21 de octubre de 992. Dos cronistas sajones indicaron que ésa noche el cielo se tiñó de rojo sangre en tres ocasiones. Dos meses más tarde, el 26 de diciembre, otro cronista indicó que el cielo se iluminó de tal manera durante la noche que mucha gente creyó que se había hecho de día. Después, vuelta al rojo sangre en el cielo y luego, la oscuridad nocturna habitual.

La tercera crónica viene de un texto coreano. donde se describía una aurora boreal en ese mismo período y en ése lugar, con la retórica local propia de la época "el cielo se abrió en mitad de la noche".

Éstos hallazgos sugieren que hubo enormes erupciones solares en tales fechas y explica la presencia del carbono 14 en los anillos de los árboles japoneses estudiados por el citado equipo científico #Misterio