En el artículo anterior, hablamos sobre cómo se creó la Luna, y lo que ello supuso en beneficio de nuestro #planeta #Tierra. Os invito a leerlo, ya que vamos a continuar exponiendo los distintos hechos acaecidos a lo largo de su creación hasta ocupar su puesto exacto en el Cosmos.

Comencemos con Júpiter, sobre la importancia de éste para que la Tierra pueda albergar vida. Su posición en el espacio, así como su tamaño, lo convierten en el perfecto escudo que neutraliza las posibles colisiones de cometas y asteroides que viajen en ese rumbo de colisión contra la Tierra. Su cercanía y masa hacen posible este hecho. Un ejemplo de su capacidad para asumir su papel como guardaespaldas de nuestro planeta, lo encontramos en 1994, cuando recibió el potente impacto del cometa Shoemaker-Levy. Los fragmentos que se desprendieron del cometa en su colisión con Júpiter eran de un tamaño inferior a Manhattan. 21 de ellos lanzaron bolas de fuego a más de 16.000 kilómetros de altura, provocando magulladuras en su atmósfera del tamaño de la Tierra.

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Además de su posición y tamaño, algo primordial en beneficio de su protegido, nuestro planeta, si Júpiter fuese mayor de lo que es, o su distancia con respecto a la Tierra fuese más cercana, su gravedad haría graves estragos en la órbita de la Tierra. Es decir, Júpiter es el protector perfecto, con el tamaño adecuado y con una posición muy precisa.

Los siguientes gigantes, Saturno, Urano y Neptuno, junto a Júpiter, viajan en órbitas únicas y prácticamente circulares en un plano horizontal alrededor del Sol. Esto está en absoluto contraste con otros gigantes gaseosos descubiertos hasta ahora fuera de nuestro sistema solar, que, u orbitan muy cerca de sus estrellas o, tienen órbitas elípticas no horizontales. Una ligera desviación de sus trazados caminos sería una auténtica catástrofe para la vida en la Tierra.

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Antes de abandonar nuestro sistema solar, nos encontramos una enorme área de Asteroides y Cometas. Su anillo interno es el Cinturón de Kuiper. La posición y densidad de estos asteroides, actúan como una fuerza estabilizadora de la órbita de Neptuno. Sin el tirón gravitacional de estas rocas espaciales, la órbita de Neptuno sería errática y catastrófica para nuestro insignificante planeta.