Hoy por hoy, la zona de exclusión de Chernóbyl se ha convertido en un inesperado parque natural. Han pasado treinta años desde la catástrofe nuclear. El entorno de la central nuclear quedó contaminado por componentes altamente radioactivos que forzaron la evacuación de la población. Hoy en día, y de forma paradójica, la zona es toda una #Reserva natural para la fauna local.

La zona de 30 km a la redonda de la central, ha sido invadida por la naturaleza salvaje en ausencia del ser humano. Fotografías de caballos silvestres buscando pasto entre la nieve, algo habitual hoy en día, contrastan de forma brutal con las imágenes inmediatamente posteriores al accidente, donde la liberación de #Radioactividad puso en serio peligro a toda forma de vida en la zona.

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Mil setecientos nanosieverts por hora fue la medida de la radiación en 1987, después del accidente, en un área de 10 km a la redonda. Se trata de una medida entre 15 y 35 veces superior a la marcada por instituciones sanitarias como el máximo nivel tolerable para la vida humana.

De hecho, eminentes zoólogos han declarado que éste nivel de radiación es nocivo evidentemente para la vida animal, pero el hecho de que los humanos evacuaran masivamente la zona compensa esta peligrosidad. Cabe explicar esto mejor: Para la vida animal, el ser humano era más peligroso y mortal que la radioactividad. Hoy, la vida animal se abre paso en esa zona abandonada libre de la caza, el asesinato y la persecución a los que les sometía la humanidad. Por contra, una esperanza de vida menor, dificultades para la reproducción y mutaciones genéticas son los azotes que enfrentan los animales de la zona hoy en día.

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Unos azotes menos mortales que la convivencia con la humanidad.

Además, la naturaleza ha conocido transformaciones curiosas. Por un lado, las especies que dependían de los desechos humanos para sobrevivir han desaparecido, como las cigüeñas o las palomas. Pero las especies nativas que se habían alejado de la zona, han vuelto. Hoy se pueden ver lobos, linces y osos. Radioactivos, sí. Pero vivos y numerosos. #Chernobyl