En los últimos años el deshielo de los glaciares ha desvelado decenas de objetos u animales que han permanecido ocultos durante cientos o miles de años. Momias de más de 5300 años de antigüedad, bosques prehistóricos y mamuts, son algunas de las maravillas arqueológicas recientemente halladas en el permafrost (suelo permanentemente congelado). Aunque los últimos descubrimientos de maravilla tienen muy poco. Se trata de antiguos #virus y bacterias, microorganismos que resultan completos desconocidos para nuestro actual sistema inmunitario.

Un ejemplo de ello lo protagoniza Bacillus anthracis, la bacteria responsable del carbunco (popularmente conocido como ántrax).

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Este verano pasado, en la península de Yamal, Siberia, la ola de calor dejó al descubierto cadáveres de renos que habían muerto de ántrax hace 75 años. Con ello, la bacteria "resucitó" e infectó a 20 personas, de las cuales una falleció. Además murieron alrededor de 2300 renos.

Según las autoridades rusas la #Epidemia se debe a la fusión de la gruesa capa de hielo que constituye el suelo siberiano. En verano, las temperaturas no suelen sobrepasar los 10 grados, sin embargo, este año, han ascendido a 35 grados centígrados. Esta ola de calor ha incrementado significativamente la fusión del permafrost, dejando al descubierto esporas de Bacillus anthracis.

Las esporas son células dotadas de una cubierta dura e impermeable capaces de resistir condiciones climáticas adversas. Solo pueden producirlas algunas bacterias y, igual que la semilla de una planta, pueden permanecer en estado latente durante años y resurgir cuando las condiciones ambientales son favorables.

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"B. anthracis es especial, pues se trata de una bacteria esporulada", aclara Jean-Michel Claverie, de la Universidad de Aix-Marsella y jefe del Instituto Mediterráneo de Microbiología. "Las esporas son muy resistentes y, al igual que las semillas, pueden llegar a sobrevivir durante siglos"

Otras posibles epidemias

Algunos virus también son capaces de sobrevivir congelados mucho tiempo. En 2014 y 2015, Claverie y su colaboradora Chantal Abergel encontraron dos virus de 30.000 años de antigüedad (Pithovirus sibericum y Mollivirus sibericum) en un fragmento de permafrost siberiano. Lo más extraordinario es que todavía conservaban su capacidad para infectar. Aunque afortunadamente estos dos virus solo infectan amebas (organismos unicelulares), Claverie advirtió que el hallazgo es una prueba de que algunos virus pueden sobrevivir congelados muchos años.

Así que, según los expertos, los virus que azotaron la población en los siglos XVIII y XIX (como el de la viruela o la gripe de 1918) también podrían conservarse intactos en el permafrost.

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Las zonas con mayor riesgo, dicen, son las cercanas a cementerios en los que han sido enterradas personas fallecidas a causa de dichas epidemias.

De la misma forma, podrían reaparecer virus más antiguos. "Hay indicios de que los neandertales y los denisovanos habitaron en el norte de Siberia sufrieron el azote de varias enfermedades víricas; algunas conocidas, como la viruela, y otras que podrían haber desaparecido", advierte Claverie. "El hecho de que una infección que afligió a los antiguos homininos pueda tener continuidad hoy entre nosotros resulta a la par fascinante y preocupante".

La cantidad de microbios que alberga el permafrost es infinita y no se sabe si existen virus causantes de epidemias capaces de sobrevivir a la congelación durante años. Varios expertos ya han empezado a analizar el microbioma del suelo siberiano. Nos mantendremos a la espera de nuevas noticias.