Hasta bien avanzado el siglo XX, era común encontrar en los baños de las casas y al lado de los escusados, ensartados en un alambre colocado expresamente para sostenerlos, unos cuadritos recortados de papel periódico. Estos eran el sucedáneo de lo que conocemos hoy como papel higiénico. Hay que remontarse al año 1857 y agradecerle al norteamericano Joseph C. Gayetty quien elaboró inicialmente un papel de cáñamo de color perla “sin blanquear”, haciendo marcar en filigrana su nombre en cada hoja, venía en paquete de 500 hojas y costaba 50 cts. cada una. Ese fue el precursor de un producto que hoy está absolutamente presente en cada hogar del mundo civilizado.

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A William Addis, caballero británico, le debemos el cepillo de dientes. Se encontraba encerrado en la prisión Newgate en Inglaterra por haber provocado un disturbio, en su detención pensó profundamente en cómo ganarse la vida al salir a la calle. Un día tras lavarse la cara procedió a limpiarse los dientes como se hacía en aquella época (circa 1700) frotándolos con un trapo, sistema que se remontaba a la antigüedad, ya Aristóteles le había aconsejado a Alejandro Magno la utilización de un trapo para los dientes. El dentista de George Washington le había sugerido usar un trapo con un poco de yeso. El prisionero Addis, tuvo una idea, utilizando un hueso de la carne que le habían servido, le practicó diminutos huequitos, consiguió unas cerdas duras a través de un guardián y metió a presión mechones de las cerdas a través de los huecos.

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Cuando salió de la prisión se dedicó a la fabricación de su innovador cepillo y tuvo éxito de inmediato.

Algo que puede parecer banal, como son los cordones para los zapatos, aunque se desconoce el año en que fueron implementados, sí se sabe que fueron idea de un señor llamado Harvey Kenney, en Gran Bretaña, su invento le produjo 2.500.000 de dólares.

Un bioquímico británico, Robert Robinson y un farmaceuta suizo, Emil Schittler notaron, en 1947, que la raíz pulverizada de un arbusto llamado sarpaganda, originario de la India, tenía la virtud de tranquilizar a las personas agitadas, en cinco años de trabajo lograron producir una sustancia cristalina que, con el nombre de Reserpina, fue comercializada como el primer tranquilizante en el mundo.

Antes del siglo XVIII los turcos introdujeron en Europa el uso de la bragueta en los pantalones de caballero, el modelo era provisto de botones y así perduró hasta el invento de la cremallera ideada por el norteamericano Whitcomb L. Judson en el año 1893. #ingenio #creatividad #más cómodo